Riesgo país por debajo de los 500 puntos: una señal financiera que empieza a importar fuera de los mercados
- mgyaninaslojo
- hace 2 días
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La baja del riesgo país vuelve a ubicar a la Argentina en niveles que no se veían desde hace años. No es una solución mágica ni un punto de llegada, pero sí una señal relevante de cambio de clima económico. La clave está en entender por qué baja y, sobre todo, qué implica para la economía real y la vida cotidiana.
Jueves 29 de enero de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo

Que el riesgo país haya perforado los 500 puntos básicos no es un dato menor ni un tecnicismo reservado a operadores financieros. Se trata de un umbral simbólico que la Argentina no lograba sostener desde antes de la crisis de 2018, cuando el acceso al crédito todavía era una posibilidad concreta y no una excepción.
Si nos queremos poner tecnicos la medición más utilizada a nivel global es el EMBI (Emerging Markets Bond Index), elaborado por J.P. Morgan, que define al riesgo país como:
“The yield spread, or difference in yields, between a country’s sovereign bonds and U.S. Treasury bonds of comparable maturity, reflecting the market’s assessment of sovereign credit risk.”
O traducido al español se podría explicar como la diferencia de rendimiento entre los bonos soberanos de un país y los bonos del Tesoro de Estados Unidos de similar plazo, que refleja la evaluación del mercado sobre el riesgo crediticio soberano).
El riesgo país, dicho de manera sencilla y para que todos lo entendamos, mide cuánto más caro debe endeudarse un país respecto de Estados Unidos. En términos simples: cuánto desconfía el mercado. Cuando ese número baja, lo que se reduce no es solo una tasa, sino la percepción de que todo puede desordenarse de un día para el otro.
¿Por qué baja ahora?
Una pregunta no menor. Esta caída no responde a un hecho aislado ni a una noticia puntual. Es el resultado de una lectura acumulada del mercado sobre el rumbo económico actual.
Hay algunos factores que explican este movimiento:
Un orden fiscal más estricto, que empieza a mostrar señales de sostenibilidad.
Menor presión cambiaria y una dinámica de reservas más ordenada.
Menos emisión monetaria y mayor previsibilidad en las reglas de juego.
Un proceso gradual de normalización financiera y comercial, todavía incompleto, pero consistente.
Un elemento cuantificable de esta mejora está en la suba de los bonos soberanos argentinos, que impulsa directamente la caída del riesgo país. En las últimas ruedas, varios bonos globales argentinos ganaron alrededor de 1% en su precio en dólares, lo que redujo el spread frente a los bonos del Tesoro de EE. UU. y contribuyó a que el riesgo país cayera hasta alrededor de 484–486 puntos básicos, su nivel más bajo desde 2018. Esta mejora en precios refleja una mayor demanda de títulos argentinos y una percepción de menor probabilidad de incumplimiento: cuando los precios suben, los rendimientos bajan, achicando el diferencial que compone el riesgo país.
Nada de esto elimina los riesgos estructurales de la economía argentina, pero sí reduce el margen de incertidumbre extrema que dominó los últimos años.
¿Desde cuándo no se veía este nivel?
Durante buena parte del último lustro, el riesgo país argentino se movió por encima de los 1.000 puntos, con picos que superaron ampliamente los 2.000 en los momentos de mayor tensión financiera.
El último período con registros sostenidos por debajo de los 500 puntos se remonta a 2017. Volver a ese rango no implica que la Argentina haya “vuelto al mundo”, pero sí que el mercado dejó de descontar escenarios de crisis permanente.
El menor registro histórico: una referencia, no una promesa
El menor nivel de riesgo país que tuvo la Argentina rondó los 200 puntos básicos, en contextos de fuerte superávit fiscal y abundancia de dólares.
Hoy ese piso está lejos, pero funciona como referencia: demuestra que el riesgo país no es una condena estructural, sino una variable que responde a políticas económicas, credibilidad y consistencia en el tiempo.
¿Qué cambia para la gente común?
El riesgo país suele leerse como un dato lejano, pero sus efectos llegan —más tarde o más temprano— a la economía diaria.
Cuando baja de manera sostenida:
El crédito puede volverse más accesible, tanto para empresas como para familias.
Mejora la estabilidad cambiaria, clave para precios y planificación.
Se abarata el financiamiento para proyectos productivos, lo que impacta en inversión y empleo.
Se reducen costos financieros que terminan influyendo en precios, salarios y actividad.
No es automático ni inmediato, pero es una condición necesaria para salir de la lógica de emergencia constante.
El desafío: sostener la señal
La baja del riesgo país es una buena noticia, pero también es frágil. La historia argentina muestra que estos avances pueden revertirse rápidamente si se pierde disciplina fiscal, previsibilidad o coherencia en la política económica.
La verdadera pregunta no es si el riesgo país puede seguir bajando, sino si la Argentina puede sostener en el tiempo un esquema que transforme esta mejora financiera en crecimiento real.
Ahí es donde el dato deja de ser un número y empieza a importar de verdad.




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