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Más empresas, más mercados: una nueva dimensión del crecimiento exportador argentino

hace 1 día
7 min de lectura

Las exportaciones de las PyMEs alcanzaron su mayor valor en trece años, en un contexto de expansión del comercio exterior argentino. Los resultados invitan a incorporar una mirada complementaria sobre el éxito exportador: cuántas empresas ingresan a los mercados internacionales, cómo evolucionan y qué oportunidades encuentran para consolidar su presencia en el mundo.

Martes 20 de octubre de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


Las exportaciones argentinas atraviesan un período de expansión que ofrece datos relevantes para analizar no solamente el desempeño del comercio exterior, sino también las oportunidades de internacionalización del entramado productivo.


Entre enero y septiembre de 2026, las ventas externas de bienes alcanzaron los USD 77.267 millones, con un crecimiento interanual del 21,6%, de acuerdo con el último informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) publicado por el INDEC. Dentro de este escenario, las pequeñas y medianas empresas registraron un desempeño particularmente destacado. Sus exportaciones sumaron USD 8.330 millones durante los primeros nueve meses del año, un incremento del 23,2% respecto de igual período de 2025 y el mayor valor alcanzado desde 2013. El crecimiento adquiere una dimensión adicional al observar la cantidad de empresas participantes: 7.061 PyMEs realizaron exportaciones durante el período, un 7,3% más que en 2023.


Estos resultados permiten introducir una perspectiva que merece ganar espacio en el análisis económico argentino: junto con el valor de las exportaciones, también resulta interesante observar cómo evoluciona la cantidad de empresas que participan del comercio internacional y cómo se desarrollan sus trayectorias exportadoras. No se trata de reemplazar las mediciones tradicionales, indispensables para comprender la evolución del sector externo, sino de complementarlas con indicadores capaces de reflejar otras dimensiones del crecimiento.


Porque detrás de cada operación internacional existe una empresa que desarrolló capacidades para competir, establecer relaciones comerciales y acceder a mercados que exceden las fronteras nacionales.


Un crecimiento que combina escala y participación empresarial


El desempeño de las exportaciones PyME se destaca dentro de un contexto general favorable. Mientras las ventas externas argentinas crecieron 21,6% entre enero y septiembre, las correspondientes al universo PyME aumentaron 23,2%. La diferencia de 1,6 puntos porcentuales muestra que este segmento registró un ritmo de expansión superior al del agregado nacional, aunque ambas estadísticas deben interpretarse de acuerdo con sus respectivas metodologías.


La evolución también se observa entre empresas de distintos tamaños. Las exportaciones de las microempresas aumentaron 25,1%, las de las pequeñas empresas 27,1% y las de las medianas 20,9%. Esta distribución resulta interesante porque refleja la participación de estructuras empresariales diferentes dentro de la expansión exportadora.


Para una microempresa, acceder a un comprador internacional puede representar una oportunidad de ampliar su mercado potencial. Para una pequeña firma, la continuidad de las operaciones puede favorecer inversiones y mejoras productivas. Para una mediana empresa, la consolidación de sus ventas externas puede facilitar una mayor diversificación de destinos y productos.


Son procesos que no necesariamente ocurren de manera uniforme, pero que permiten comprender por qué el crecimiento exportador también puede analizarse a partir de las capacidades que desarrollan las empresas. En este sentido, el aumento de la cantidad de PyMEs exportadoras respecto de 2023 constituye un dato relevante.


La posibilidad de ampliar la participación empresarial en el comercio internacional representa una oportunidad para extender los beneficios de la inserción externa hacia un universo productivo más diverso.


La primera exportación como punto de partida


La internacionalización de una empresa suele comenzar mucho antes de que se concrete su primera operación. Identificar compradores, conocer las condiciones de acceso a un mercado, adecuar productos, cumplir requisitos técnicos, organizar la logística y negociar condiciones comerciales forman parte de un proceso de aprendizaje que puede demandar tiempo y recursos.


Cuando una empresa consigue exportar por primera vez, no solamente concreta una venta. También incorpora conocimientos y experiencias que pueden facilitar su desarrollo comercial futuro. Por eso, una dimensión interesante para seguir la evolución del comercio exterior es la incorporación de nuevos exportadores.


Conocer cuántas empresas comienzan a vender al exterior cada año permitiría identificar cómo se amplía la base exportadora. Pero también sería valioso observar cuántas consiguen repetir sus operaciones y avanzar hacia relaciones comerciales estables.


La continuidad exportadora constituye una dimensión especialmente relevante porque permite reconocer la transformación de una primera experiencia en una actividad empresarial sostenida. A partir de allí aparecen otras oportunidades: incorporar nuevos destinos, ampliar la cartera de productos, desarrollar vínculos con más compradores o incrementar la escala de las operaciones. Cada una de estas etapas representa una forma de crecimiento que puede ser observada y acompañada.


Una oferta exportadora que refleja diversidad productiva


Los resultados sectoriales de las PyMEs también permiten apreciar la variedad de actividades que participan de la expansión. Entre enero y septiembre de 2026, las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario aumentaron 32,7%, las manufacturas de origen industrial crecieron 22,8% y los productos primarios registraron una suba del 21,2%. Por su parte, combustibles y lubricantes, un rubro de menor participación dentro del universo PyME, mostraron una disminución del 31,1%.


Entre las partidas que registraron los mayores incrementos en valor exportado aparecen productos derivados de la soja, miel natural, semillas de girasol, pescado congelado, crustáceos, cebollas, ajos, puerros y cítricos. La diversidad de esta nómina permite reconocer oportunidades de inserción internacional en actividades con distintas escalas de producción, grados de transformación y características comerciales. También permite vincular el crecimiento exportador con las economías regionales.


Para numerosas empresas radicadas fuera de los principales centros industriales, el acceso a mercados externos representa una posibilidad de ampliar la demanda, diversificar clientes y desarrollar nuevas capacidades comerciales. Desde esta perspectiva, la diversificación exportadora puede analizarse en diferentes niveles.


Una economía diversifica sus exportaciones cuando incorpora nuevos productos y mercados, pero también cuando más empresas participan de las ventas externas o cuando firmas que ya exportan amplían su presencia internacional. Estas dimensiones son complementarias y permiten construir una visión más completa sobre la evolución de la oferta exportable argentina.


Los datos del comercio exterior y una mirada sobre el crecimiento


El último informe del ICA ofrece información que permite contextualizar el desempeño empresarial dentro de la evolución general de las exportaciones. En septiembre de 2026, las ventas externas argentinas alcanzaron USD 10.036 millones, con un incremento interanual del 23,5%. El crecimiento respondió a una combinación de mayores precios, que aumentaron 16,4%, y mayores cantidades exportadas, que avanzaron 6,1%. Esta distinción resulta importante porque permite comprender los diferentes factores que explican la evolución del valor exportado.


Durante septiembre, las manufacturas de origen agropecuario alcanzaron USD 3.495 millones, las manufacturas de origen industrial sumaron USD 2.534 millones, los productos primarios USD 2.225 millones y combustibles y energía USD 1.781 millones. Los cuatro grandes rubros registraron aumentos interanuales, aunque con diferentes intensidades. La información muestra cómo los indicadores de valor, precios y cantidades contribuyen a explicar el desempeño del comercio exterior.


A esa mirada puede incorporarse otra dimensión: la evolución de las empresas que participan de las exportaciones. Mientras los indicadores tradicionales permiten conocer cuánto crecen las ventas externas y cuáles son sus principales componentes, el seguimiento de las trayectorias empresariales puede contribuir a comprender cómo se amplía y consolida la participación del entramado productivo en los mercados internacionales. Ambas perspectivas permiten enriquecer el análisis del crecimiento exportador.


Nuevos indicadores para reconocer distintas etapas de internacionalización


El desempeño de las PyMEs ofrece una oportunidad para avanzar hacia un seguimiento más detallado de los procesos de internacionalización.


Una primera dimensión sería la incorporación de nuevos exportadores: cuántas empresas realizan su primera operación internacional y en qué sectores o regiones se concentran. Una segunda permitiría observar la continuidad: cuántas empresas vuelven a exportar al año siguiente y qué proporción mantiene actividad durante tres o cinco años. La tercera estaría vinculada con la expansión: cuántas firmas incorporan nuevos mercados, diversifican su oferta o incrementan sus operaciones de manera sostenida. Finalmente, sería interesante analizar cómo evoluciona la escala exportadora de las empresas, especialmente cuando pasan de operaciones ocasionales a una actividad comercial internacional regular.


Estos indicadores permitirían reconocer distintas trayectorias de crecimiento. También aportarían información para identificar las necesidades de las empresas en cada etapa y orientar mejor los instrumentos de promoción comercial, capacitación, financiamiento y asistencia técnica.


Una firma que busca concretar su primera exportación enfrenta desafíos diferentes de los de otra que necesita ampliar su capacidad productiva para atender nuevos pedidos. Del mismo modo, una empresa que ya exporta regularmente puede encontrar oportunidades en la diversificación de destinos, la incorporación de nuevas tecnologías o el desarrollo de productos con mayor diferenciación.


Comprender estas diferencias permite acompañar la internacionalización como un proceso de desarrollo empresarial y no solamente como una sucesión de operaciones comerciales.


Comercio exterior y desarrollo productivo: dos dimensiones de un mismo proceso


La expansión de las exportaciones puede generar oportunidades que trascienden el ingreso de divisas. El acceso a nuevos mercados puede incentivar inversiones, mejoras de calidad, incorporación de tecnología, adecuación de procesos productivos y desarrollo de nuevas capacidades empresariales.


También puede favorecer la articulación entre empresas y proveedores, especialmente cuando el crecimiento de las ventas externas requiere ampliar la producción o incorporar nuevos servicios. Para las PyMEs, estas transformaciones pueden adquirir una importancia particular.


La posibilidad de participar del comercio internacional permite ampliar el horizonte comercial de empresas que, por su tamaño o localización, pueden encontrar limitaciones en la demanda doméstica. En este marco, la internacionalización puede convertirse en una herramienta de desarrollo productivo, siempre que las empresas encuentren condiciones para sostener y ampliar su actividad.


Por eso, observar la evolución de la base exportadora permite incorporar una perspectiva adicional sobre la relación entre comercio exterior, producción y crecimiento empresarial. La apertura de nuevos mercados y el fortalecimiento de las capacidades productivas no son objetivos contrapuestos. Por el contrario, pueden potenciarse mutuamente.


Una empresa con mejores capacidades productivas puede encontrar nuevas oportunidades internacionales. Y una empresa que accede a nuevos mercados puede encontrar incentivos para invertir, innovar y ampliar su producción.


Una nueva dimensión del éxito exportador argentino


Los resultados de los primeros nueve meses de 2026 ofrecen motivos para destacar el desempeño de las exportaciones argentinas y, particularmente, el crecimiento de las PyMEs. El mayor valor exportado en trece años constituye un hito relevante para este segmento empresarial. Pero quizás uno de los aspectos más interesantes sea la posibilidad de aprovechar esta evolución para ampliar la manera en que reconocemos los avances del comercio exterior.


A los indicadores tradicionales de valor, precios, cantidades y destinos podemos sumar otros que permitan observar la incorporación de nuevas empresas, su continuidad, su diversificación comercial y su crecimiento en los mercados internacionales. Esto permitiría comprender mejor cómo se desarrolla la capacidad exportadora del país y reconocer procesos empresariales que no siempre resultan visibles en las cifras agregadas. También contribuiría a construir una agenda de internacionalización que contemple las distintas etapas del desarrollo empresarial.


El crecimiento exportador argentino puede comenzar a medirse también por la cantidad de empresas que encuentran oportunidades en el mundo, consiguen sostenerlas y logran transformarlas en nuevos proyectos de crecimiento. Porque cada nueva empresa exportadora representa una oportunidad para ampliar la presencia internacional de la producción argentina. Y cuanto más extensa, diversa y consolidada sea esa base empresarial, mayores serán las posibilidades de construir una inserción internacional sostenida en el tiempo.

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