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MERCOSUR–Unión Europea: un mercado que se abre, pero con reglas, tiempos y filtros

El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea vuelve a poner al comercio exterior en el centro de la discusión económica. Amplía el acceso a uno de los mercados mÔs grandes del mundo, tanto para exportar como para importar, pero lo hace bajo una lógica clara: apertura gradual, exigencias técnicas elevadas y mecanismos de protección que descartan cualquier efecto inmediato.

Lunes 12 de enero de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


El acuerdo Mercosur–Unión Europea no debe leerse como una liberalización exprĆ©s. Su diseƱo parte de una premisa bĆ”sica: ordenar el acceso al mercado en el tiempo. Los beneficios no aparecen de un dĆ­a para otro, sino que se activan a travĆ©s de cronogramas de desgravación que van desde la eliminación inmediata del arancel hasta plazos que pueden extenderse por quince aƱos en los sectores mĆ”s sensibles.


En términos agregados, mÔs del 90% del comercio bilateral queda alcanzado por algún tipo de reducción arancelaria. Pero esa cifra, por sí sola, dice poco si no se entiende el mecanismo. El acuerdo no promete resultados inmediatos; establece reglas previsibles para que empresas y sectores puedan planificar.


Exportar a Europa: mƔs acceso, pero no automƔtico


Desde el lado exportador, el acuerdo amplĆ­a el acceso al mercado europeo, aunque bajo condiciones exigentes. No se trata de un mercado que se ā€œabreā€ de forma indiscriminada, sino de uno que habilita el ingreso a quienes puedan cumplir con estĆ”ndares sanitarios, tĆ©cnicos y de origen.


Las oportunidades mÔs claras aparecen en productos agroindustriales y economías regionales donde la desgravación es mÔs rÔpida y, en muchos casos, sin cupos. Vinos, jugos, frutas procesadas, aceites, miel y alimentos con mayor valor agregado mejoran su competitividad de manera progresiva.


En cambio, en los productos agrĆ­colas mĆ”s sensibles —como carnes o algunos granos— el acceso se organiza principalmente a travĆ©s de cuotas. Esto implica que el beneficio no depende solo del precio o de la demanda, sino de la capacidad de capturar cupo, cumplir requisitos sanitarios estrictos y competir con otros paĆ­ses del bloque por un volumen limitado.


En estos casos, exportar mÔs no es una cuestión de cantidad, sino de estrategia, calidad y cumplimiento.


La desgravación como proceso, no como shock


Uno de los elementos centrales del acuerdo es su esquema de desgravación. Cada producto queda encuadrado en una categoría que define en cuÔntos años llega a arancel cero. Hay sectores que acceden de manera inmediata, otros que lo hacen en plazos intermedios y algunos que recién completan la eliminación arancelaria a los quince años.


Este enfoque busca evitar impactos abruptos sobre los mercados internos y dar tiempo de adaptación. Para los exportadores, significa que la ventaja competitiva se construye gradualmente. Para los importadores, que la reducción de costos serÔ previsible, pero no instantÔnea.


El acuerdo, en este sentido, no acelera el comercio: lo ordena.


Importaciones: una oportunidad silenciosa para la inversión


Del lado de las importaciones, el acuerdo abre una ventana que suele quedar en segundo plano. La reducción progresiva de aranceles sobre bienes de capital, maquinaria, equipos e insumos industriales europeos puede tener un impacto relevante en los costos de inversión y en la productividad.


En estos rubros, los plazos de desgravación tienden a ser mÔs cortos que en los bienes finales sensibles. Esto convierte al acuerdo en una herramienta para modernizar procesos productivos y mejorar competitividad, especialmente para empresas que necesitan tecnología e insumos de calidad.


En sectores como el automotriz, en cambio, la apertura es deliberadamente lenta. Los plazos largos, combinados con reglas de origen estrictas y salvaguardias, reflejan el peso estratƩgico del sector y su impacto sobre el empleo.


Salvaguardias: apertura con control


Lejos de una lógica de apertura irrestricta, el acuerdo incorpora mecanismos de salvaguardia que permiten ajustar o frenar el acceso preferencial si se registran aumentos abruptos de importaciones o tensiones de mercado.


Estas herramientas funcionan como un sistema de control: no anulan el acuerdo, pero permiten administrar los ritmos de apertura. Para la Unión Europea, son una garantía política. Para el Mercosur, una señal clara de que el acceso existe, pero estÔ sujeto a condiciones.


Un cambio de reglas que exige preparación


El principal valor del acuerdo Mercosur–Unión Europea no estĆ” en un salto inmediato de exportaciones o importaciones. EstĆ” en el cambio de reglasĀ que introduce en un contexto internacional cada vez mĆ”s incierto.


El acuerdo define cómo se abrirÔn los mercados, en qué plazos y bajo qué condiciones. No garantiza negocios, pero sí ofrece algo clave para cualquier estrategia comercial: previsibilidad.


Para las empresas, el mensaje es claro. Las oportunidades existen, pero no son automƔticas. Las capturarƔn quienes se preparen, inviertan en cumplimiento normativo y entiendan que, en este acuerdo, el tiempo y las reglas importan tanto como el precio.


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