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RIMI: incentivos concretos para la inversión PyME, más flujo que baja estructural de impuestos

El nuevo régimen incorporado en la Ley de Modernización Laboral no cambia la presión tributaria, pero sí modifica el tiempo en que las empresas recuperan su inversión. Y eso, en Argentina, no es un detalle menor.

Miércoles 25 de febrero de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


En el debate parlamentario por la Ley de Modernización Laboral aparece un capítulo que, más allá de lo laboral, tiene impacto económico directo: el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI).


Se trata de un esquema focalizado en el segmento MiPyME que busca acelerar decisiones de inversión productiva mediante herramientas fiscales específicas. No es una reforma tributaria. No es una baja general de impuestos. Es un mecanismo de incentivo financiero. Y ahí está su lógica.


No es un régimen para todos: es PyME y es inversión real


El RIMI está dirigido a Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Tramo 1 y 2) y se limita a inversiones productivas realizadas dentro de los primeros dos años desde su entrada en vigencia.


El alcance es claro: bienes muebles nuevos amortizables en Ganancias —con exclusión expresa de automóviles—, y obras afectadas directamente a la producción. Quedan fuera los activos financieros, las inversiones de cartera y los bienes de cambio. Es decir, no promueve posicionamiento financiero, sino ampliación de capacidad productiva.


Hay además una señal sectorial evidente: equipos de riego, mallas antigranizo, bienes de alta eficiencia energética y semovientes pueden acceder independientemente del monto invertido. El foco en agroindustria y economías regionales no es casual. En un país que busca el ingreso de dólares genuinos esto pasa a ser clave.


Los montos mínimos delimitan el terreno


El régimen no apunta a operaciones marginales. Establece pisos de inversión que van desde USD 150.000 para microempresas hasta USD 9 millones para medianas tramo 2. Es un incentivo para proyectos con impacto real en estructura productiva, no para gastos corrientes. Eso también ordena la discusión: el RIMI no es para todos, es para quienes estén en condiciones de invertir.


El corazón del esquema: amortizar más rápido


El principal beneficio es la amortización acelerada en el Impuesto a las Ganancias. En términos simples: las empresas pueden deducir la inversión en menos tiempo. Los bienes muebles se amortizan en dos cuotas anuales; las obras reducen su vida útil al 60% de la estimada; ciertos bienes estratégicos pueden amortizarse en una sola cuota.


¿Qué significa esto en la práctica? Que el beneficio fiscal se anticipa. La empresa recupera capital antes. Mejora su flujo de fondos. Reduce el costo financiero implícito de invertir.


No baja la presión tributaria total. Cambia el momento en que el impuesto impacta. Y en economías con restricciones financieras, el tiempo vale.


IVA: liquidez antes, no después


El régimen también acelera el recupero del crédito fiscal de IVA vinculado a bienes de uso. Podrá solicitarse la devolución una vez transcurridos tres períodos fiscales mensuales desde que el crédito resulte procedente. Para proyectos intensivos en capital, este punto es relevante. El IVA técnico suele convertirse en un costo financiero hasta que se recupera. Acortar ese plazo mejora la ecuación económica.


Otra vez: no es un subsidio. Es una mejora en liquidez.


Límites y consistencia


El RIMI es incompatible con otros regímenes promocionales respecto de las mismas inversiones, incluido el RIGI. Además, prevé caducidad si los bienes promovidos dejan de integrar el patrimonio dentro de los dos años fiscales desde su afectación.


¿Puede mover la aguja?


El RIMI no resuelve los problemas estructurales de competitividad ni reemplaza la necesidad de reformas más profundas. Tampoco compensa costos sistémicos elevados.


Pero sí introduce una herramienta concreta para mejorar el flujo financiero de quienes decidan invertir.


En un contexto donde la decisión de inversión depende tanto de expectativas como de números, acelerar amortizaciones y recuperar IVA más rápido puede inclinar la balanza en determinados proyectos.


La clave estará en la reglamentación y en la ejecución administrativa. Porque en Argentina, muchas veces el incentivo no fracasa por diseño, sino por implementación.


El RIMI no es un cambio de modelo. Es un instrumento. Y como todo instrumento, su impacto dependerá de cómo se utilice.

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