MALVINAS MÁS ALLÁ DE LA SOBERANÍA: La economía que se construyó de la lana al petróleo
Pesca, ganadería, servicios y ahora hidrocarburos: mientras Argentina vuelve a endurecer su estrategia frente a la explotación de recursos en Malvinas, la estructura económica de las islas permite dimensionar qué está realmente en juego en el Atlántico Sur.
Miércoles 9 de septiembre de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo

Cuando se habla de las Islas Malvinas, la discusión se concentra necesariamente en la soberanía. Sin embargo, existe otra dimensión que permite entender mejor qué está en juego en el Atlántico Sur: la económica.
Durante más de un siglo, la producción de lana fue uno de los pilares de la actividad de las islas. Luego llegó la pesca y modificó profundamente su capacidad de generar ingresos. Con el paso del tiempo se desarrollaron también el turismo, la construcción, el comercio, los servicios marítimos y la actividad inmobiliaria. Y ahora, con el avance del proyecto Sea Lion, el petróleo podría agregar una nueva fuente de renta.
La historia económica de Malvinas muestra, por lo tanto, una transformación que puede sintetizarse en una secuencia: lana → pesca → servicios → potencialmente petróleo. Pero, en realidad, no se trata de actividades que simplemente se reemplazaron unas a otras. La economía fue acumulando nuevas capas de generación de valor.
Y allí aparece una pregunta incómoda pero necesaria para Argentina: ¿cuánto vale económicamente aquello sobre lo que el país reivindica soberanía pero cuya renta hoy no captura?
LA LANA: El origen de la economía de las islas
Mucho antes de que se hablara de petróleo, la economía de las islas estaba estrechamente vinculada con la tierra y la ganadería ovina. Las características del territorio favorecieron durante décadas una producción extensiva orientada principalmente a la obtención de lana para exportación.
La actividad continúa existiendo y la ganadería ovina sigue formando parte de la estructura productiva, aunque su importancia relativa quedó muy por debajo de la que alcanzaría posteriormente la pesca. Pero aquella primera etapa dejó algo más que una actividad productiva. También dio origen a una de las compañías más importantes de la historia económica de las islas.
FALKLAND ISLANDS COMPANY: Una empresa que atraviesa la historia económica de Malvinas
The Falkland Islands Company fue fundada en 1851 y durante buena parte de su historia estuvo profundamente vinculada con la propiedad de tierras, la ganadería y la producción de lana. Hoy forma parte de FIH Group, compañía que cotiza en el mercado AIM de Londres. La transformación de Falkland Islands Company resulta interesante porque refleja, en pequeña escala, la propia transformación económica de las islas.
De una compañía históricamente asociada a la tierra y la producción ovina pasó a participar en actividades como comercio minorista, construcción, propiedades, automotores, seguros, turismo y servicios vinculados al transporte marítimo. Es decir, la economía dejó de depender exclusivamente de aquello que podía producir sobre la tierra. Y comenzó a desarrollar servicios alrededor de su posición geográfica.
El particular vínculo argentino con FIH Group
La historia de FIH Group tiene además un episodio poco conocido en Argentina. En 2017, Dolphin Fund, vinculado al empresario argentino Eduardo Elsztain, manifestó su intención de evaluar una oferta para adquirir FIH Group. Para entonces Dolphin ya había adquirido el 2,54% de los derechos de voto de la compañía.
La posibilidad de que capital argentino avanzara sobre el control de una compañía con una presencia económica histórica tan importante en Malvinas generó fuertes cuestionamientos y la operación de adquisición finalmente no prosperó. Sin embargo, Dolphin ya había ingresado como accionista minoritario. Más recientemente, el propio Elsztain afirmó públicamente que pudo conservar una participación minoritaria cercana al 2%. El episodio resulta particularmente interesante porque muestra otra dimensión de la cuestión Malvinas: la económica y empresarial.
Durante décadas, la discusión se concentró fundamentalmente en diplomacia, soberanía y defensa. Pero también existe una pregunta sobre los vínculos económicos, las inversiones y la participación empresarial argentina.
La pesca cambió la escala
Si la lana caracterizó la primera etapa económica de las islas, la pesca produjo un cambio mucho más profundo. El desarrollo del sistema de licencias permitió transformar los recursos pesqueros del Atlántico Sur en una importante fuente de ingresos públicos.
En los últimos ejercicios, la recaudación por licencias pesqueras se ubicó, con fluctuaciones según las temporadas, en el orden de decenas de millones de libras anuales. Y hay una distinción fundamental.
Ese dinero no representa el valor total del pescado capturado. Es solamente la renta obtenida directamente por permitir la explotación del recurso. Después aparecen los impuestos corporativos, servicios portuarios, logística y toda la actividad económica asociada.
Ese mecanismo explica buena parte de la transformación económica de las islas: no fue necesario desarrollar exclusivamente una enorme flota propia para capturar valor. También se monetizó el derecho de acceso al recurso.
Un recurso que no reconoce fronteras
Desde la perspectiva argentina, la pesca presenta además una particularidad. Los peces no reconocen delimitaciones políticas. Las poblaciones se desplazan por distintas zonas del Atlántico Sur, lo que hace que la explotación intensiva de un recurso en un área pueda tener consecuencias económicas y ambientales más amplias. Por eso la discusión pesquera no se limita a cuánto se recauda por licencias. También involucra administración de recursos, sustentabilidad, exportaciones y control del Atlántico Sur. Y ahora, sobre esa economía pesquera ya consolidada, aparece una nueva actividad con capacidad potencial de modificar nuevamente la escala: el petróleo.
SEA LION: Del recurso a la inversión
Durante décadas se habló del potencial hidrocarburífero de las aguas alrededor de Malvinas. La diferencia es que Sea Lion ya no es solamente una hipótesis geológica. El proyecto es operado por Navitas Petroleum, con una participación del 65%, mientras Rockhopper Exploration posee el 35% restante. El objetivo declarado es comenzar a producir en 2028. Las estimaciones difundidas para el área hablan de recursos que podrían alcanzar aproximadamente 1.700 millones de barriles. Pero hay que hacer una distinción fundamental: recursos no son reservas y reservas no son producción.
Que exista una determinada cantidad estimada de petróleo debajo del subsuelo no significa que todo pueda recuperarse comercialmente. La primera fase de Sea Lion apunta a producir aproximadamente 50.000 barriles diarios.
No es otra Vaca Muerta
Poner ese volumen en perspectiva ayuda a evitar exageraciones. Si se cumplen tanto las proyecciones de Sea Lion como las estimaciones de producción petrolera argentina hacia 2028, su producción inicial podría equivaler aproximadamente al 4% de la producción petrolera argentina de ese momento. El condicional es fundamental.
Estamos comparando dos niveles futuros de producción que todavía no conocemos con exactitud. Sea Lion, por lo tanto, no es otra Vaca Muerta. Para la escala energética argentina sería un proyecto relativamente acotado. Para la economía de las islas, sin embargo, la comparación es completamente diferente.
Para Argentina podría ser 4%. Para las Islas puede ser transformador
Una economía de pocos miles de habitantes que ya obtiene ingresos importantes de la pesca podría incorporar una industria petrolera exportadora. Eso significa potencialmente: regalías, impuestos, exportaciones, infraestructura, servicios, logística y actividad offshore durante décadas.
Por eso Sea Lion no debe analizarse únicamente por la cantidad de barriles que producirá. Debe analizarse por su capacidad de agregar una nueva fuente de renta a una economía que ya monetiza otros recursos naturales. Primero fue la tierra y la lana. Después el mar y la pesca. Ahora puede ser también el subsuelo marino y el petróleo.
¿Cuánto dinero pierde Argentina?
La pregunta parece sencilla, pero dar una cifra cerrada sería metodológicamente incorrecto. No puede afirmarse seriamente que Argentina “pierde X miles de millones de dólares” por no ejercer la soberanía efectiva sobre las islas.
Para hacerlo habría que conocer cuánto petróleo será efectivamente recuperable, cuánto se producirá, durante cuántos años, cuáles serán los precios internacionales, cuánto costará extraerlo y qué régimen fiscal aplicaría Argentina. Con la pesca ocurre algo parecido.
La recaudación obtenida por la administración isleña mediante licencias permite dimensionar el valor del recurso, pero no puede trasladarse automáticamente como una supuesta pérdida fiscal argentina. Y lo mismo sucede con lana, turismo, propiedades, comercio y servicios. La pregunta correcta quizás sea otra: ¿Qué renta económica Argentina hoy no captura?
Y ahí la respuesta es considerablemente más amplia que el petróleo. Se trata de recursos pesqueros, producción agropecuaria, actividad comercial, servicios, turismo, logística y, potencialmente, hidrocarburos. No es solamente el valor del recurso. Es el ecosistema económico construido alrededor de él.
Las sanciones y el nuevo intento argentino de elevar el costo
En ese contexto deben analizarse las medidas adoptadas por Argentina el 4 de septiembre. El Decreto 868/2026 fortaleció y aceleró el procedimiento previsto para la aplicación de la Ley 26.659 y designó a Cancillería como autoridad de aplicación.
El Gobierno informó además el inicio de procedimientos sancionatorios contra 45 sujetos, entre personas humanas y jurídicas, por presuntas vinculaciones con actividades hidrocarburíferas que Argentina considera no autorizadas.
Sin embargo, el mercado ya reaccionó
El viernes posterior a los anuncios, las acciones de empresas vinculadas con los proyectos petroleros alrededor de Malvinas registraron caídas. Rockhopper llegó a perder hasta alrededor de 12% durante la rueda, mientras Navitas cayó hasta aproximadamente 6%. Una jornada bursátil no permite concluir que Sea Lion esté en riesgo.
Pero sí muestra algo económicamente relevante: el mercado incorporó un riesgo adicional. Y apareció otra señal. Grandes compañías internacionales de servicios petroleros comunicaron públicamente que no prevén participar en actividades hidrocarburíferas en Malvinas. Eso no significa que hayan abandonado Sea Lion: no necesariamente estaban contratadas por el proyecto. Pero permite observar dónde podría encontrarse una de las principales herramientas de presión argentina.
El punto débil puede estar en la cadena de proveedores
Desarrollar un proyecto offshore requiere mucho más que una empresa que tenga una licencia. Se necesitan compañías de perforación, ingeniería, servicios de pozo, tecnología, buques, seguros, financiamiento, logística y mantenimiento.
Argentina quizás no pueda impedir físicamente que Sea Lion avance. Pero puede intentar aumentar el costo de participar. Si menos proveedores internacionales están dispuestos a intervenir, si aumenta el riesgo jurídico o si se encarece el financiamiento y el aseguramiento, la ecuación económica del proyecto puede modificarse. Y ahí aparece paradójicamente una de las principales fortalezas argentinas.
VACA MUERTA como poder de negociación
La capacidad de disuasión de Argentina no depende solamente de cuán severas sean sus sanciones.
También depende de cuánto tenga para ofrecer. Vaca Muerta, minería, LNG, infraestructura y los grandes proyectos bajo RIGI convierten a Argentina en un mercado relevante para muchas de las mismas compañías internacionales que podrían prestar servicios en proyectos offshore.
Por eso una empresa puede verse obligada a preguntarse: ¿cuánto puedo ganar participando de Sea Lion y cuánto puedo perder si comprometo mis oportunidades futuras en Argentina? El Decreto 868/2026 profundiza justamente esa lógica al incorporar expresamente el cumplimiento de la Ley 26.659 al procedimiento de adhesión al RIGI.
Argentina empieza así a conectar dos dimensiones que habitualmente analizábamos por separado:
su política sobre Malvinas y su política de atracción de inversiones.
MALVINAS es más que petróleo
La discusión actual alrededor de Sea Lion corre el riesgo de hacernos perder de vista algo mucho más importante. La economía de las islas no nació con el petróleo. Se fue construyendo durante más de un siglo. Primero mediante la explotación ganadera y la lana. Después mediante la pesca. Luego se diversificó hacia comercio, turismo, construcción, propiedades, logística y servicios. Y ahora podría incorporar petróleo.
Por eso el verdadero costo económico para Argentina no puede medirse simplemente multiplicando barriles por el precio internacional del crudo. La discusión es quién administra los recursos, quién captura su renta, quién presta los servicios y dónde se desarrollan las cadenas productivas asociadas.
Una estrategia económica para el Atlántico Sur
Argentina tiene una política diplomática y jurídica sobre Malvinas. Pero necesita pensar también una estrategia económica para el Atlántico Sur. Eso significa desarrollar puertos patagónicos, industria naval, servicios offshore, pesca sustentable, infraestructura, investigación científica, energía y logística antártica.
Vaca Muerta, además, está permitiendo desarrollar conocimiento, proveedores, técnicos, ingenieros y empresas de servicios energéticos que podrían convertirse en capacidades estratégicas mucho más amplias. La política argentina sobre Malvinas no debería ser exclusivamente defensiva. También debería ser una política de desarrollo.
Porque la historia económica de las islas demuestra algo con claridad: los recursos naturales adquieren verdadero valor cuando alrededor de ellos se construyen instituciones, inversión, empresas, infraestructura y servicios capaces de transformarlos en renta. Durante décadas fue la lana. Después fue la pesca. Ahora puede ser el petróleo.
Y ésa es quizás la pregunta económica más importante que Malvinas plantea hoy para Argentina:
no solamente qué recursos existen, sino quién está construyendo la capacidad para capturar su valor.




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