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La vida de este lado del ropero

Actualizado: 20 nov 2022

Mientras desde el gobierno se habla del éxito de la implementación del SIRA, y el ordenamiento de las importaciones, muchas empresas se plantean cómo van a poder seguir trabajando ante la falta de insumos, materiales y repuestos.

Viernes 11 de noviembre de 2022, Mg. Yanina S. Lojo


El gobierno manifestó siempre que la implementación del nuevo Sistema de Importaciones de la República Argentina (SIRA) venía a ordenar el comercio exterior, a dar trazabilidad, y a garantizar que los insumos llegaran a los productores. Consideraban que el sistema de las SIMI no estaba funcionando adecuadamente, permitía abusos y ante la escasez de reservas era necesario ver que los dólares llegaran a los que realmente lo necesitaban.

¿Qué está pasando?


El SIRA aún no tiene un mes de vigencia, deberíamos ser considerados a la hora de evaluarlo, pero la realidad es que los tiempos del comercio exterior no lo permiten. Cada vez son más los importadores que están levantando la mano preocupados porque las operaciones no reciben aprobación y las cadenas productivas se ponen en riesgo. La semana pasada fue una empresa maderera que emplea a más de 4.000 personas, que tuvo que hacer público su caso y el riesgo de parar la planta para que sus declaraciones avanzaran. Esta semana fue la firma Nike, quien anunciaba que paraba la producción en una de sus plantas por falta de insumos. Son varias las automotrices que han pasado por la misma situación. El lunes, informó La Nación, una de las empresas navieras que posee 13 de los 113 buques que tienen bandera argentina, habría pedido darse de baja del pabellón nacional dado que las limitaciones para importar no le permiten ingresar los repuestos necesarios para mantener en condiciones sus naves. Lo más llamativo: los buques de esta firma son del tipo tanque y estuvieron abocados a la importación de combustible.


¿Y las PYMES?


A diferencia de las grandes compañías que pueden hacer pública su situación, despertar las alarmas en la Secretaría de Comercio y destrabar los trámites pendientes, las PYMES están solas y dependen de su suerte. Las SIRA vinculadas a Licencias Automáticas aún no han vuelto al esquema anterior de autorización y presentan demoras. Y las asociadas con Licencias No Automáticas nadie sabe cuánto puede tardar en ser aprobadas, si lo son. Cada vez se repiten más las consultas de pequeñas empresas o comercios que están desesperados. Durante el mes de septiembre ya muchas no lograban obtener la aprobación de sus SIMI y en todo octubre con el cambio de sistema y la presentación de los pedidos a través del nuevo régimen, siguen sin poder recibir sus insumos o productos.

Muchas ya han tomado las primeras medidas: comenzaron por sacar turnos y no están trabajando horas extra. El próximo paso es comenzar con las suspensiones debido a que, ante la falta de insumos, las líneas no pueden seguir operando y necesitan mandar a los operarios a sus casas, a fin de reducir costos y ver si pueden aguantar a que por fin se liberen las autorizaciones. Pero ¿por cuánto tiempo se puede seguir así? En algún momento, si las autorizaciones no llegan las líneas no se reactivarán y todos sabemos qué significará eso.

Si el importador se encargaba de traer bienes finales, su situación es aún más complicada. Por ejemplo, todos hablan de la industria automotriz y autopartista, pero nadie habla del mercado de reposición. Son muchos los repuestos que no se fabrican en el país - no existe la producción nacional -, y que necesitan importarse para poder abastecer al aftermarket. Hoy tener un problema con el auto puede ser una situación bastante complicada de solucionar. Cada vez son más los productos que empiezan a escasear, y si no se autorizan las importaciones, lo más probable es que dependiendo qué parte del motor rompas, difícilmente lo puedas arreglar. Si comprar un automóvil nuevo se ha vuelto algo muchas veces inalcanzable, dado el valor y la escasez de unidades, repararlo se convertirá en una misión imposible.


El impacto social es mucho mayor


Cuando pensamos en el impacto social que tienen todas estas trabas en las importaciones, enseguida pensamos en el empleo, los salarios, la suba de precios, pero va mucho más allá. La crisis de los neumáticos lo hizo palpable pero casi todos los empresarios y comerciantes lo saben: la falta de productos fomenta la actividad delictiva. Cuando los neumáticos empezaron a faltar y no se conseguían o los precios eran irrisorios, automáticamente se dispararon los robos de éstos. La gente no se animaba a dejar el auto estacionado en la calle por miedo a que se lo robaran. ¿Qué va a pasar si empiezan a faltar repuestos? Las casas de repuestos ven como caen sus ventas por falta de productos mientras el robo comienza a subir. Lo mismo sucederá en el caso de los celulares y sus repuestos. Y así podemos seguir con muchos otros productos.


Si queremos vender, tenemos que comprar


Unos diez días atrás el secretario de Industria presentó un reclamo en Washington por las dificultades que productos argentinos están teniendo para ingresar a los Estados Unidos, principalmente el biodiésel, la miel y los cítricos. El caso del biodiésel es más que conocido, pero la situación de la producción de los limones es más compleja. Argentina produce más de lo que consume. Uno de sus principales mercados era Rusia, y debido al conflicto bélico no se ha podido llevar adelante la operatoria comercial habitual. En 2017 se había logrado que los limones y sus derivados comenzaran a ingresar a los Estados Unidos, pero se reactivó la investigación por dumping y las relaciones comerciales se estancaron. No hace mucho tiempo atrás hemos podido ver en la televisión como los limones eran tirados por los pequeños productores porque no tenían a dónde venderlos.

Si las dificultades para importar continúan probablemente se dé una situación similar a la que se presentó en 2015 con las DJAI. Los importadores cansados de luchar contra la burocracia local se quejaron con sus proveedores y éstos con sus gobiernos que fueron directo a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Después de reprender en varias oportunidades a la Argentina e instarla a restablecer el flujo normal del comercio, había autorizado a los países que habían presentado quejas a aplicar reciprocidad en el trato comercial si para diciembre de ese año no se veía solucionado el problema. Es decir, los productos argentinos tendrían muy complicado el ingreso a otros países. En un contexto de bajas reservas, donde lo que más necesitamos es que el flujo de las exportaciones no decaiga hay que tener mucho cuidado en cómo tratamos a nuestros socios comerciales.

Otro problema que trae la caída en las importaciones es que los buques empiezan a sacar de sus rutas al puerto de Buenos Aires. El impacto es doble: cae la recaudación por esos buques que no ingresan - y muchos trabajos dependen del nivel de actividad portuaria -, y empieza a faltar espacio para llevarse los productos argentinos, encareciéndose el flete y corriendo el riesgo de incumplir con los plazos negociados con los compradores internacionales. En otras palabras, si queremos seguir vendiendo tenemos que comprar.


Viviendo de este lado del ropero


Cada día la situación se vuelve más angustiante para muchos empresarios y comerciantes, que ven como el esfuerzo de toda una vida pende de un hilo. Si bien desde la Secretaría de Comercio se asegura que los esfuerzos están puestos en asegurar los dólares para las cadenas productivas y las PYMES, esto aún no se ha traducido en hechos concretos. Las reservas siguen cayendo: ayer el BCRA vendió otros USD 100 millones, y acumula en los primeros diez días del mes un negativo de USD 700 millones. El gobierno hace responsable de la situación al festival de importaciones y cautelares que se dieron en buena parte del año. ¿Por qué no tomaron cartas en el asunto antes? Si hubo importadores que ingresaron productos de manera excesiva, la pregunta es ¿quién las autorizó? No todos operaron con cautelares. Y no todos los que operaron con cautelares lo hicieron para traer autos de lujo o máquinas para minería de criptomonedas.

Por otro lado, se toman medidas y se implementan sistemas que tienen un impacto altísimo sobre la operación comercial de las empresas pero no se instrumentan las herramientas, o se demora la puesta a punto los canales por los cuales se debe trabajar. Muchos pagos al exterior están frenados como consecuencia del funcionamiento de la CCUSE, que obliga a que todas las operaciones pasen por ésta y, sin embargo, el sistema no logra validar los diferentes formatos.

Ojalá algún día todos podamos atravesar la puerta que hay dentro del ropero e ingresar a una Argentina donde las cosas funcionan de manera adecuada, donde la industria y el comercio realmente son defendidos entendiendo que son el motor de la economía. Mientras tanto no queda otra más que arremangarse y tratar de sobrevivir.

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