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Exportaciones en niveles históricos y superávit comercial: lo que realmente muestra el comercio exterior argentino

Argentina cerró 2025 con un comercio exterior sólido, marcado por exportaciones en niveles cercanos a máximos históricos y un saldo de balanza comercial positivo. El dato es relevante no solo por el resultado final, sino por la dinámica que se empieza a consolidar entre exportaciones, importaciones y actividad económica.

Miércoles 21 de enero de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


El cierre de 2025 dejó una señal clara: el comercio volvió a ocupar un lugar central en la dinámica económica. En un año marcado por la normalización de flujos, la recomposición de la actividad y un contexto internacional más desafiante, las exportaciones crecieron hasta ubicarse cerca de niveles históricos, mientras que las importaciones acompañaron la recuperación de la demanda interna. El resultado fue un superávit comercial firme, menor al de 2024, pero sostenido por un intercambio más activo y menos defensivo.



Exportaciones: crecimiento con volumen y diversificación


Las exportaciones argentinas alcanzaron en 2025 valores cercanos a los mayores registros de la serie histórica. Con un total anual que rondó los USD 87 mil millones, el país quedó apenas por debajo del récord de 2022, cuando se había superado la barrera de los USD 88 mil millones.

Este desempeño no es menor. Se dio en un contexto internacional más exigente, en medio de una guerra comercial y con precios menos favorables para algunos productos clave, y aun así permitió sostener un flujo de divisas elevado. Diciembre fue un mes particularmente fuerte, con exportaciones por encima de los USD 7.400 millones, consolidando una tendencia de crecimiento que se sostuvo durante gran parte del año.


El dato de fondo es que el sector exportador volvió a mostrar capacidad de respuesta, con el agro como pilar central, pero también con aportes relevantes de la industria y de algunos complejos regionales.

Importaciones: más actividad, más demanda


Del otro lado del intercambio, las importaciones crecieron con fuerza en 2025 y alcanzaron niveles que no se veían desde 2022, año en el que se había registrado el mayor volumen histórico de compras externas, por encima de los USD 81 mil millones.

En 2025, las importaciones se ubicaron en torno a los USD 76 mil millones, reflejando una recuperación clara de la demanda interna, tanto de bienes de consumo como, especialmente, de bienes de capital e insumos productivos. Este aumento no es un dato negativo en sí mismo: habla de una economía que vuelve a moverse y a requerir insumos para producir.


Sin embargo, también introduce un desafío conocido para Argentina: cómo sostener el crecimiento sin que el aumento de importaciones erosione rápidamente el saldo externo.


Balanza comercial: superávit firme, pero más ajustado


El resultado de esta combinación fue un superávit comercial de algo más de USD 11 mil millones en 2025. Es un número contundente y confirma que el sector externo sigue aportando estabilidad macroeconómica.


Al mismo tiempo, el saldo fue menor al del año previo, cuando el superávit había alcanzado un récord histórico cercano a los USD 19 mil millones. La diferencia no está en una caída exportadora, sino en el mayor dinamismo de las importaciones, que crecieron a un ritmo más acelerado. Es importante señalar que en 2024 muchas empresas tuvieron que solucionar los problemas que les dejó 2023 con las SIRA y la imposibilidad de pagar al exterior.


En otras palabras: el superávit sigue estando, pero ya no descansa únicamente en la contracción de importaciones, sino en un equilibrio más genuino entre ventas y compras externas.


¿Qué nos dice este escenario hacia adelante?


El comercio exterior argentino muestra hoy una foto más sana que en otros ciclos. Exportaciones altas, importaciones en recuperación y un saldo positivo configuran un escenario que permite pensar en crecimiento, siempre que se sostenga la capacidad exportadora.


El desafío para 2026 no pasa solo por mantener el superávit, sino por profundizar una inserción internacional que permita crecer sin volver a chocar con la restricción externa. Más exportaciones, más valor agregado y una administración inteligente del crecimiento importador serán las claves para que este equilibrio no sea transitorio.


El dato central es claro: Argentina volvió a exportar mucho, importó más porque la economía se movió, y aun así cerró el año con superávit. El comercio exterior dejó de ser un freno y volvió a convertirse en una pieza central del funcionamiento económico.


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