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El acuerdo UE–Mercosur, entre la justicia europea y un mundo que no espera

La decisión del Parlamento Europeo reabre el debate interno en la UE, mientras Brasil avanza, Argentina debe definir y la geopolítica vuelve a marcar el ritmo.

Jueves 22 de enero de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


La decisión del Parlamento Europeo de remitir el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur al Tribunal de Justicia de la Unión Europea no implica un rechazo formal, pero sí introduce una pausa cargada de significado político. Más que una cuestión técnica, el movimiento expone las tensiones internas de Europa frente a un acuerdo que combina comercio, ambiente y estrategia internacional.


El tratado, negociado durante más de dos décadas, vuelve así a quedar atrapado en una discusión que refleja algo más profundo: la dificultad de la Unión Europea para tomar decisiones rápidas en un escenario global cada vez más competitivo.


¿Por qué parte de Europa pidió la intervención de la Justicia?


Dentro de la Unión Europea, los sectores que impulsaron la remisión al Tribunal sostienen que el acuerdo presenta riesgos que no pueden soslayarse. Los argumentos giran, principalmente, en torno a tres ejes.


Por un lado, el cumplimiento de los compromisos ambientales, especialmente en relación con el Acuerdo de París y la trazabilidad de las exportaciones agrícolas. Por otro, la protección de los productores europeos, en particular del sector agropecuario, que teme una competencia que considera desigual. Finalmente, aparece el debate jurídico: la naturaleza “mixta” del acuerdo y la necesidad de asegurar que su ratificación no genere conflictos legales dentro del bloque.


Desde esta mirada, la intervención del Tribunal busca ganar tiempo, reducir riesgos y ofrecer garantías políticas a los Estados más reticentes.


Las críticas: una Europa que duda mientras otros avanzan


Para quienes se oponen a esta decisión, el costo de la demora puede ser mayor que el de avanzar con un acuerdo imperfecto. La principal crítica apunta a la señal que Europa envía al exterior: un bloque que discute internamente mientras pierde peso y relevancia.


En un contexto de reconfiguración del comercio global, frenar el acuerdo con el Mercosur implica, para este sector, resignar influencia frente a otros actores. China y Estados Unidos aparecen como los principales beneficiarios de una Unión Europea que posterga definiciones, justo cuando busca diversificar cadenas de suministro y reducir dependencias estratégicas.


Brasil sigue adelante y redefine el equilibrio interno


En este escenario, la posición de Brasil resulta determinante. El gobierno brasileño decidió continuar con el proceso de ratificación y sostener el acuerdo como prioridad estratégica, aun cuando Europa haya optado por frenar su tratamiento político.


Brasil entiende el tratado como una herramienta de inserción internacional y como un mensaje hacia el mundo: el Mercosur está dispuesto a integrarse, incluso si la otra parte duda. Esa decisión no solo marca el ritmo regional, sino que también deja expuestos a sus socios.


Argentina frente a una definición que no puede postergarse


Para Argentina, el escenario es incómodo pero claro. Acompañar a Brasil permitiría sostener previsibilidad, reforzar la señal hacia los mercados y consolidar una estrategia de apertura gradual. Pero también obliga a asumir debates internos pendientes sobre competitividad, industria y adaptación productiva. El tema ya fue incluido en el temario de las sesiones extraordinarias. Aunque podría posponerse en post de definir otros temas más urgentes de la agenda local.


Groenlandia, OTAN y Estados Unidos: el trasfondo que explica todo


La pausa europea en el acuerdo con el Mercosur coincide con otro movimiento clave en el tablero global: el reciente entendimiento entre la OTAN y Estados Unidos en torno a Groenlandia, un territorio estratégico por su ubicación y por sus recursos naturales.


El contraste es evidente. Mientras Europa judicializa un acuerdo comercial, Estados Unidos avanza en definiciones geopolíticas y de seguridad. El comercio, una vez más, queda subordinado a la lógica del poder.


Un acuerdo que ya no es solo comercial


El acuerdo UE–Mercosur dejó de ser una discusión técnica sobre aranceles. Hoy funciona como un test de liderazgo y de visión estratégica. La pregunta de fondo no es si el tratado es perfecto, sino si Europa puede permitirse seguir dudando en un mundo que acelera.


Para el Mercosur —y especialmente para Argentina— el desafío es leer esa señal a tiempo y decidir cómo jugar en un tablero donde la inacción también tiene consecuencias.


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