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El acuerdo Unión Europea–MERCOSUR sale del bloqueo político y entra en su fase decisiva

Tras años de estancamiento, la Unión Europea logró destrabar políticamente el acuerdo con el Mercosur y aprobarlo en el Consejo. El tratado avanza ahora hacia la firma formal y la ratificación parlamentaria, con un escenario todavía sensible, pero con chances concretas de convertirse en el mayor acuerdo birregional vigente.

Viernes 9 de enero de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


Después de más de dos décadas de negociación y varios intentos fallidos, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur logró superar su principal obstáculo político: la aprobación en el Consejo Europeo.


El punto de inflexión fue la conformación de una mayoría cualificada que impidió a los países opositores conformar una minoría de bloqueo. Aunque Francia, Irlanda, Hungría, Polonia y Austria mantuvieron su rechazo, no alcanzaron el peso poblacional necesario para frenar el proceso. Italia, tras obtener garantías específicas para su sector agrícola, terminó inclinando la balanza a favor del acuerdo.


Este giro permitió cerrar una etapa de indefinición y habilitar el avance hacia la firma formal del tratado.


Un acuerdo que avanza pese a la resistencia agrícola


El núcleo de la oposición europea sigue concentrado en el sector agropecuario. Francia lideró el rechazo con el argumento de que el acuerdo expone a los productores europeos a una competencia desigual, especialmente en carne bovina, aviar, azúcar y algunos cereales.


Sin embargo, el texto final incorpora mecanismos de salvaguardia que permiten activar medidas de protección si se detectan distorsiones graves en los mercados internos. Estas cláusulas fueron clave para que varios países aceptaran avanzar, aun sin consenso pleno.


El resultado no es una unanimidad política, sino un equilibrio frágil entre apertura comercial y contención interna.


¿Qué contiene el acuerdo en términos comerciales?


Desde el punto de vista técnico, el acuerdo Unión Europea–Mercosur es uno de los más amplios firmados por ambos bloques. Prevé la eliminación progresiva de aranceles sobre aproximadamente el 90% del comercio bilateral, con plazos diferenciados según el sector y el nivel de sensibilidad de cada producto.


Para el Mercosur, implica un acceso preferencial a uno de los mercados más grandes y sofisticados del mundo, con ventajas claras en productos agroindustriales, alimentos procesados y algunas manufacturas de origen industrial. Para la Unión Europea, representa una reducción significativa de aranceles en bienes industriales, automotrices, químicos y farmacéuticos, además de mayor previsibilidad regulatoria.


Más allá de los aranceles, el acuerdo incluye capítulos sobre normas técnicas, facilitación del comercio, compras públicas, propiedad intelectual y solución de controversias.


El rol de la Comisión Europea y la estrategia de contención


La Comisión Europea jugó un rol central en el destrabe. La presidenta Ursula von der Leyen combinó presión política con incentivos concretos, especialmente el adelanto de fondos y compromisos de apoyo al sector agrícola europeo.


La estrategia fue clara: aceptar que el acuerdo no tendría apoyo unánime, pero garantizar que los costos políticos internos fueran administrables. En un contexto global de fragmentación y tensiones comerciales, Bruselas optó por priorizar el valor estratégico del tratado.


El acuerdo en el mapa global del comercio


En términos comparativos, el acuerdo Unión Europea–Mercosur se ubica entre los grandes acuerdos comerciales del mundo, tanto por escala como por relevancia estratégica. En conjunto, ambos bloques conforman un mercado de más de 720 millones de consumidores y representan cerca del 20% del comercio mundial.


Si bien no alcanza la magnitud poblacional del RCEP, que reúne alrededor del 30% del comercio global con foco en Asia-Pacífico, ni el nivel de integración productiva del USMCA entre Estados Unidos, México y Canadá, el acuerdo UE–Mercosur presenta una característica singular: articula economías desarrolladas y emergentes con estructuras productivas complementarias.


A diferencia de los acuerdos intrarregionales, este tratado busca construir integración donde antes predominaban barreras, con un fuerte peso en reglas, estándares y previsibilidad institucional, lo que le otorga una relevancia estratégica propia en un mundo cada vez más fragmentado.


El proceso que sigue: firma y ratificación


Con la aprobación del Consejo, el próximo paso es la firma formal del acuerdo entre las autoridades europeas y los países del Mercosur. Esa instancia habilita el inicio del proceso de ratificación en el Parlamento Europeo.


Allí el escenario sigue abierto. Existen resistencias vinculadas a cuestiones ambientales, sanitarias y de impacto social, que podrían demorar la entrada en vigor. Sin embargo, a diferencia de etapas anteriores, el acuerdo llega al Parlamento con un respaldo político más sólido y con un contexto internacional que refuerza su importancia estratégica.


Implicancias para Argentina y el MERCOSUR


Para Argentina, el avance del acuerdo representa una oportunidad relevante, pero no automática. El acceso preferencial al mercado europeo abre posibilidades concretas para exportaciones de mayor valor agregado, aunque también exige cumplir estándares regulatorios más estrictos y mejorar la competitividad sistémica.


El acuerdo no reemplaza la necesidad de política productiva ni de infraestructura, pero redefine el marco en el que se insertan las decisiones de inversión, comercio y estrategia exportadora.


Beneficios concretos para las empresas argentinas: escala, acceso y previsibilidad


ara las empresas argentinas, el acuerdo con la Unión Europea no solo amplía el acceso arancelario, sino que redefine la escala potencial de negocios. El mercado conjunto de más de 720 millones de consumidores combina alto poder adquisitivo, demanda diversificada y estabilidad institucional.


La reducción progresiva de aranceles mejora márgenes, reduce costos de entrada y aumenta la competitividad relativa frente a proveedores extra bloque. A su vez, se abren oportunidades en agroindustria, economías regionales, alimentos procesados, bioeconomía, manufacturas industriales y servicios asociados al comercio, además de facilitar encadenamientos productivos con empresas europeas.


Más allá del impacto inmediato en exportaciones, el tratado ofrece un marco de previsibilidad regulatoria que puede destrabar inversiones, asociaciones estratégicas y planificación de largo plazo, un factor clave para empresas que buscan consolidar presencia sostenida en mercados internacionales.


Una señal en un mundo más cerrado


El avance del acuerdo Unión Europea–Mercosur no ocurre en un contexto de auge del libre comercio, sino todo lo contrario. En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, políticas industriales defensivas y mayor uso de barreras comerciales, el tratado funciona como una señal política: la de dos regiones que aún apuestan por reglas, previsibilidad y apertura negociada.


Si logra superar la etapa de ratificación, no será solo un acuerdo comercial. Será también una muestra de hasta dónde es posible avanzar cuando la economía, la política y la geopolítica se cruzan en el comercio internacional.


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