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Acuerdo Argentina–Estados Unidos: una nueva etapa en la inserción internacional del país

El entendimiento bilateral marca un cambio estructural en la forma en que Argentina se vincula con el comercio global. Más que una baja de aranceles, introduce convergencia regulatoria, previsibilidad para la inversión y una integración más profunda en sectores estratégicos.

Viernes 6 de febrero de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


El acuerdo firmado entre Argentina y Estados Unidos NO constituye un tratado de libre comercio. No se centra exclusivamente en la reducción de aranceles ni en el intercambio de bienes. Su alcance es más amplio y, sobre todo, más estructural.


El texto avanza sobre aspectos regulatorios, sanitarios, técnicos, digitales y de inversión que, en conjunto, buscan reducir fricciones al comercio y generar condiciones de mayor previsibilidad. En ese sentido, el eje no está únicamente en cuánto se exporta o se importa, sino en cómo se construye un entorno más estable para producir, invertir y comerciar.


Este enfoque refleja un cambio de lógica: pasar de una inserción internacional más defensiva a una estrategia orientada a integrarse en cadenas globales de valor.


Convergencia regulatoria: el corazón del acuerdo


Uno de los elementos centrales es la convergencia normativa. El reconocimiento de estándares, la simplificación de procedimientos y la cooperación técnica apuntan a reducir costos operativos y tiempos administrativos, factores que inciden directamente en la competitividad.


En la práctica, esto impacta en múltiples sectores:

  • automotriz

  • farmacéutico

  • dispositivos médicos

  • bienes de capital

  • servicios basados en conocimiento


Menos duplicación de certificaciones, mayor digitalización de procesos y reglas más claras pueden traducirse en mayor fluidez comercial y menores barreras indirectas.


Inversión y sectores estratégicos


El capítulo de inversiones es uno de los más relevantes del acuerdo. El interés estadounidense en sectores como minerales críticos, energía, infraestructura y tecnología responde a una reconfiguración global de las cadenas de suministro.


Argentina posee activos que hoy son altamente demandados a nivel internacional:

  • litio y cobre

  • recursos energéticos

  • producción agroindustrial

  • potencial de infraestructura


El acuerdo busca crear condiciones para canalizar inversiones hacia estos sectores, ofreciendo un marco más estable y previsible.


En un país donde la inversión productiva ha sido históricamente volátil, este tipo de instrumentos puede contribuir a generar horizontes más largos para la planificación empresarial.


Economía digital y servicios


Otro eje importante es la economía digital. La facilitación del comercio de servicios, la cooperación en materia tecnológica y la previsibilidad regulatoria en el entorno digital forman parte de una agenda cada vez más central en el comercio internacional.


La convergencia en estos temas apunta a alinear a la Argentina con estándares globales en sectores de alto crecimiento y fuerte componente tecnológico.


Impacto sectorial y adaptación


Como en todo proceso de apertura, los efectos no serán uniformes. Algunos sectores encontrarán oportunidades más inmediatas, especialmente aquellos vinculados a exportaciones, energía, minería o tecnología. Otros deberán adaptarse a un entorno más competitivo.


El impacto dependerá de múltiples factores:

  • la implementación efectiva de los compromisos

  • la evolución de la macroeconomía local

  • la capacidad de las empresas para ganar escala y productividad


El acuerdo, por sí solo, no garantiza resultados, pero sí modifica el contexto en el que se toman decisiones de inversión y producción.


Un reposicionamiento en la economía global


El entendimiento debe leerse en un contexto internacional en transformación. La transición energética, la disputa tecnológica y la reorganización de cadenas productivas están redefiniendo el mapa económico mundial.


En ese escenario, los países con recursos estratégicos y capacidad productiva adquieren mayor relevancia. El acuerdo posiciona a la Argentina como un socio potencial en áreas clave y refuerza su integración con uno de los principales centros de inversión global.


Un cambio de marco para el largo plazo


Más que un resultado inmediato, el acuerdo introduce un cambio de marco. Apunta a reducir incertidumbre, mejorar la previsibilidad y fortalecer el vínculo económico bilateral.


No resuelve los desafíos estructurales de la economía argentina ni reemplaza la necesidad de políticas internas de competitividad. Pero sí establece condiciones que pueden facilitar el desarrollo de proyectos de mayor escala y la integración en cadenas de valor internacionales.


En ese sentido, representa un paso hacia una inserción internacional más activa, orientada a la inversión, la tecnología y el aprovechamiento estratégico de los recursos del país.


Para aquellos que lo deseen incluimos el archivo del acuerdo.


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