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Minerales críticos: el subsuelo vuelve al centro de la disputa global y Argentina entra en el radar estratégico de Estados Unidos

La participación argentina en la cumbre global de minerales críticos impulsada por Estados Unidos no es un gesto protocolar. Se inscribe en una estrategia más amplia de Washington para reducir su dependencia de China, reordenar cadenas de suministro sensibles y consolidar alianzas con países que concentran recursos clave.

Jueves 5 de febrero de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo



Estados Unidos reunió esta semana a gobiernos y actores estratégicos en una cumbre global de minerales críticos con un objetivo explícito: frenar el avance de China en el control de insumos esenciales para la economía del siglo XXI. No se trata solo de minería. Se trata de poder, seguridad económica y autonomía tecnológica.


La presencia de Argentina en ese foro confirma que el país dejó de ser un actor periférico en esta conversación. Washington busca diversificar proveedores, reducir riesgos geopolíticos y asegurar el abastecimiento de minerales clave para la transición energética, la industria tecnológica y el complejo de defensa. En ese esquema, depender de un solo proveedor —China— dejó de ser una opción.


Estados Unidos, Australia y la ofensiva por las tierras raras


El movimiento no es aislado. En paralelo, Estados Unidos profundizó su alianza con Australia mediante acuerdos específicos para el desarrollo, procesamiento y financiamiento de proyectos de tierras raras y minerales críticos.


Australia hoy cumple una función que Washington considera estratégica: ofrecer recursos, estabilidad institucional y capacidad de integración rápida a cadenas de valor occidentales.


El mensaje es claro. No alcanza con extraer minerales. El verdadero cuello de botella está en el procesamiento, la refinación y la industrialización, etapas donde China conserva una ventaja decisiva. Por eso los acuerdos no se limitan a la minería, sino que apuntan a reconstruir una cadena completa fuera de la órbita china.


Por qué China es el problema a resolver


China no solo concentra una parte significativa de las reservas globales de tierras raras. Domina, sobre todo, las etapas críticas del procesamiento. Esa posición le otorga una capacidad de influencia que excede lo comercial y entra de lleno en el terreno geopolítico.


Para Estados Unidos, reducir esa dependencia no es una consigna ideológica: es una necesidad estratégica. Las restricciones a la exportación, las tensiones comerciales y el uso de insumos críticos como herramienta de presión aceleraron una redefinición de prioridades. El acceso seguro a minerales dejó de ser un tema de mercado para convertirse en un asunto de seguridad nacional.


Argentina: potencial geológico y desafío estratégico


En ese contexto, Argentina aparece como un jugador con recursos, pero aún con una agenda incompleta. El país cuenta con reservas relevantes de litio, cobre y otros minerales críticos, pero enfrenta un desafío central: transformar ese potencial en una inserción inteligente en las cadenas globales.


En este contexto, se suscribió con Estados Unidos un acuerdo para potenciar el suministro y procesamiento de minerales críticos, fundamentales para las nuevas tecnologías, con el fin de “garantizar cadenas de valor más sólidas, diversificadas y resilientes, fomentando inversiones productivas de largo plazo y respondiendo al crecimiento de la demanda global"


Según los datos que figuran en el comunicado Argentina tiene el potencial de alcanzar exportaciones totales en los próximos siete años por USD 100.000 millones. Y en el caso de la minería superar los 20.000 millones de dólares y llegar a más de 30.000 millones de dólares hacia el fin de la próxima década.


El subsuelo como activo geoeconómico


La discusión sobre minerales críticos confirma una tendencia más amplia: el regreso del subsuelo al centro de la economía política internacional. Energía, minerales, alimentos y logística vuelven a definir alianzas, tensiones y flujos de capital.


Para Argentina, el desafío no es menor. Puede limitarse a ser proveedor primario en una nueva disputa global o aprovechar esta ventana para escalar posiciones, atraer inversiones estratégicas y ganar densidad económica. La cumbre de Estados Unidos no es un punto de llegada. Es una señal. Y como toda señal estratégica, exige lectura fina y decisiones consistentes.

 
 
 

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