Mercosur–UE: el verdadero diferencial no fue el acuerdo, fue quién estaba listo para aprovecharlo
- mgyaninaslojo
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Argentina logró quedarse rápidamente con posiciones clave dentro de los cupos de miel y huevos habilitados por el acuerdo Mercosur–Unión Europea, mientras que en arroz avanzó junto con Uruguay. La señal es mucho más profunda que un dato comercial puntual: en el comercio internacional, los acuerdos abren puertas, pero quienes las cruzan son los que están preparados.
Jueves 21 de mayo de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo

El inicio operativo del acuerdo Mercosur–UE dejó una primera lección concreta para la región. Mientras el bloque todavía discute cómo distribuirá internamente los contingentes negociados con Europa, el mercado empezó a moverse. Y se movió rápido.
Hoy los cupos funcionan bajo sistema FIFO —“first in, first out”— porque aún no existe un criterio consensuado dentro del Mercosur para repartirlos entre los países miembros. Es decir: quien primero registra operaciones y cumple las condiciones, accede primero al beneficio arancelario. Y eso terminó dejando algo muy claro: no alcanza con tener un acuerdo. Hay que tener empresas listas para usarlo.
La velocidad con la que se ocuparon los cupos no fue casualidad
En miel, Argentina avanzó rápidamente sobre el contingente habilitado para el año inicial del acuerdo.
El dato generó impacto porque el primer tramo operativo prácticamente se agotó en pocos días. Pero detrás de esa velocidad no hubo improvisación. Hubo años de desarrollo de mercado, inversión y adaptación a estándares internacionales.
La Unión Europea es históricamente uno de los destinos más exigentes del mundo para alimentos. Y particularmente en productos como miel, huevos o arroz, el acceso no depende solamente de producir más.
Depende de poder demostrar:
trazabilidad,
calidad sanitaria,
protocolos productivos,
capacidad logística,
documentación técnica,
y cumplimiento regulatorio permanente.
Las empresas argentinas que avanzaron sobre esos cupos ya venían construyendo esa inserción comercial desde antes del acuerdo. El beneficio arancelario aceleró negocios. No los creó desde cero.
Europa no se conquista en seis meses
En comercio exterior muchas veces se instala la idea de que un acuerdo comercial automáticamente multiplica exportaciones. La realidad es bastante más compleja. Europa no abre sus puertas simplemente porque exista una preferencia arancelaria. Europa exige continuidad, escala, certificaciones y confiabilidad.
Por eso los primeros sectores que lograron aprovechar este nuevo escenario fueron aquellos que ya tenían presencia consolidada o relaciones comerciales desarrolladas. La apicultura argentina es un ejemplo claro. El sector lleva años posicionándose, adaptándose a exigencias ambientales y sanitarias cada vez más estrictas. Lo mismo ocurre con parte de la cadena avícola, donde determinadas empresas ya cuentan con estándares compatibles con mercados altamente regulados.
Y en arroz, Uruguay mostró nuevamente la fortaleza de una estrategia exportadora sostenida durante años, mientras Argentina logró también capturar parte del contingente disponible. El patrón se repite:las oportunidades las aprovechan primero quienes ya hicieron el trabajo previo.
El verdadero debate recién empieza dentro del Mercosur
Lo ocurrido en estas semanas también abrió otra discusión estratégica: cómo se repartirán hacia adelante los cupos dentro del bloque.
Porque hoy el FIFO funciona como mecanismo transitorio. Pero difícilmente quede como esquema permanente. Hay distintos criterios en análisis. Y detrás de esa discusión hay intereses económicos muy fuertes. Porque cuando los contingentes son limitados, la administración del cupo también se transforma en política comercial.
Hay que firmar más acuerdo y construir empresas exportadoras
El Mercosur–UE vuelve a poner sobre la mesa una discusión que Argentina necesita dar con más profundidad. Los acuerdos comerciales son importantes. Mucho. Abren mercados, reducen aranceles y generan previsibilidad jurídica. Y Argentina necesita avanzar en más acuerdos que permitan ampliar acceso a mercados en un mundo cada vez más competitivo y fragmentado. Pero también hay otra realidad igual de importante: los acuerdos, por sí solos, no generan exportaciones. Las exportaciones aparecen cuando existen empresas capaces de competir internacionalmente y de aprovechar esas oportunidades comerciales.
Y eso requiere:
estabilidad macroeconómica,
financiamiento,
infraestructura,
logística,
simplificación operativa,
inserción internacional,
inversión tecnológica,
y políticas sostenidas de desarrollo exportador.
Porque una empresa no se vuelve exportadora el día que se firma un tratado. Los acuerdos abren puertas. Pero para cruzarlas hacen falta empresas preparadas, con capacidad productiva, estándares internacionales, desarrollo comercial y visión de largo plazo.
Por eso lo que ocurrió con miel, huevos y arroz deja una señal importante: Argentina tiene sectores y empresas que pueden competir y reaccionar rápido cuando aparecen oportunidades concretas. El desafío ahora es doble: seguir ampliando acuerdos comerciales que abran mercados, y al mismo tiempo construir muchas más empresas exportadoras capaces de aprovecharlos.
La señal que deja este inicio es positiva
Argentina mostró en este comienzo algo importante: hay sectores que pueden reaccionar rápido y competir. Eso habla de capacidad empresarial, conocimiento técnico y desarrollo productivo. Pero también deja una advertencia. Hoy las empresas que están aprovechando los cupos son, en gran medida, las que ya venían internacionalizadas.
El desafío de fondo es mucho más ambicioso:lograr que haya muchas más empresas argentinas en condiciones de aprovechar las oportunidades que se abren. Porque en el comercio global, las oportunidades no esperan.




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