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Los aranceles de Trump entran en una nueva fase: Brasil, Canadá, medicamentos y el posible impacto sobre la Argentina

Estados Unidos se prepara para reemplazar el arancel transitorio del 10% sobre gran parte de sus importaciones por una nueva arquitectura comercial basada en investigaciones específicas, gravámenes sectoriales y medidas diferenciadas según cada país.

Miércoles 22 de julio de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


El arancel del 25% sobre determinados productos brasileños, la tarifa del 50% anunciada contra bienes canadienses y el futuro recargo de hasta el 200% sobre medicamentos genéricos muestran que Washington busca algo más que proteger su mercado: pretende modificar regulaciones extranjeras, renegociar acuerdos comerciales y relocalizar industrias estratégicas. La Argentina aparece entre las economías que podrían quedar alcanzadas por la próxima ronda de aranceles.


Durante los últimos meses, la política comercial de Estados Unidos atravesó una etapa de relativa estabilidad. Esa pausa, sin embargo, está llegando a su fin. La administración de Donald Trump se prepara para modificar nuevamente el esquema arancelario estadounidense y avanzar hacia un sistema más focalizado, jurídicamente más complejo y potencialmente menos previsible para empresas, exportadores y socios comerciales.


En apenas unos días, Washington confirmó un arancel adicional del 25% sobre determinados productos importados desde Brasil, anunció un gravamen del 50% contra ciertos bienes canadienses y anticipó que, desde agosto de 2028, los medicamentos genéricos importados podrían comenzar a pagar una tarifa del 100%, que posteriormente subiría al 200%.


Al mismo tiempo, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos analiza aplicar nuevos aranceles sobre productos provenientes de aproximadamente 60 economías. Entre ellas podría encontrarse la Argentina.


Aunque las medidas responden a investigaciones, leyes y objetivos diferentes, todas reflejan un mismo cambio de fondo: Estados Unidos ya no utiliza los aranceles únicamente para corregir déficits comerciales o proteger industrias locales. También los emplea para presionar a otros gobiernos, modificar regulaciones, renegociar acuerdos, elevar estándares laborales y orientar las decisiones de inversión de las empresas.


El final del arancel transitorio del 10%


El punto de partida de esta nueva etapa es el vencimiento del arancel temporal del 10% que actualmente se aplica sobre gran parte de las importaciones estadounidenses. La administración Trump introdujo ese recargo después de que la Corte Suprema limitara el uso de la legislación de emergencia con la que se habían establecido buena parte de los aranceles generales de su segundo mandato.


El Gobierno recurrió entonces a la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que permite aplicar aranceles temporales para responder a desequilibrios en la balanza de pagos. Sin embargo, esa herramienta solo puede mantenerse durante 150 días sin autorización del Congreso. El plazo vence el viernes 24 de julio de 2026. Frente a esa limitación, la administración necesita reemplazar el régimen transitorio por una nueva estructura legal. La alternativa elegida sería avanzar mediante investigaciones específicas bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, acompañadas por otras disposiciones legales según el país o el sector involucrado. El cambio no implica necesariamente una disminución de los aranceles.


Por el contrario, los funcionarios estadounidenses buscan mantener niveles de protección similares a los actuales, pero bajo fundamentos jurídicos considerados más sólidos y duraderos. Si el nuevo esquema se implementa en su totalidad, el arancel promedio aplicado por Estados Unidos podría regresar a niveles cercanos al 17%, frente a aproximadamente el 11% vigente durante el régimen transitorio.


Una política arancelaria diferente para cada objetivo


La nueva estrategia estadounidense no se apoya en una única norma. Washington está utilizando distintas herramientas legales de acuerdo con el objetivo perseguido:

  • la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, para responder a prácticas consideradas irrazonables, discriminatorias o restrictivas;

  • la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, cuando se invocan razones de seguridad nacional;

  • la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, frente a políticas extranjeras que presuntamente discriminan a los productos estadounidenses;

  • y medidas específicas vinculadas con el trabajo forzoso, la sobrecapacidad industrial, la propiedad intelectual, el comercio digital y el acceso a mercados.


Esto permite que cada país o industria reciba un tratamiento diferente. Brasil enfrenta una investigación por sus políticas comerciales y regulatorias. Canadá es presionado en el marco de la renegociación del acuerdo comercial de América del Norte. La industria farmacéutica es alcanzada por una política destinada a relocalizar producción. Y decenas de economías, entre ellas posiblemente la Argentina, podrían enfrentar gravámenes relacionados con sus mecanismos para impedir el ingreso de productos elaborados mediante trabajo forzoso.


Brasil: un arancel del 25% bajo la Sección 301


Estados Unidos confirmó la aplicación de un arancel adicional del 25% sobre determinados productos importados desde Brasil. La medida comenzó a regir el 22 de julio de 2026 y fue adoptada bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, luego de una investigación que se extendió durante aproximadamente un año.


El proceso incluyó consultas bilaterales, audiencias públicas y más de 360 presentaciones de empresas, cámaras y organizaciones privadas. La Oficina del Representante Comercial concluyó que distintas políticas brasileñas perjudican a empresas y exportadores estadounidenses y generan condiciones de competencia consideradas desleales.


Entre las principales áreas cuestionadas aparecen:

  • restricciones al comercio digital;

  • discriminación contra determinados servicios de pago electrónico;

  • ventajas regulatorias concedidas a sistemas locales como Pix;

  • barreras al ingreso del etanol estadounidense;

  • deficiencias en la protección de la propiedad intelectual;

  • debilidades en la lucha contra la corrupción;

  • falta de aplicación efectiva de normas contra la deforestación ilegal.


El Gobierno brasileño rechazó las acusaciones y sostuvo que la decisión estadounidense también contiene un fuerte componente político. Brasil analiza utilizar su Ley de Reciprocidad Económica, iniciar consultas ante la Organización Mundial del Comercio y eventualmente aplicar medidas equivalentes contra productos estadounidenses.


¿Qué productos brasileños quedaron alcanzados?


El arancel del 25% afecta miles de posiciones arancelarias y alcanza una parte relevante de las exportaciones brasileñas hacia Estados Unidos. Entre los principales productos incluidos se encuentran:

  • maquinaria y equipamiento industrial;

  • muebles;

  • calzado;

  • papel;

  • azúcar;

  • etanol;

  • productos químicos;

  • diversas manufacturas.

Sin embargo, la medida no se aplica a todas las exportaciones brasileñas. Estados Unidos excluyó bienes considerados estratégicos para su economía o cuya sustitución inmediata podría generar problemas de abastecimiento.


Entre las principales excepciones aparecen:

  • carne vacuna;

  • café;

  • naranjas y jugo de naranja;

  • determinados productos energéticos;

  • aeronaves y componentes aeronáuticos;

  • ciertos minerales críticos;

  • bienes que ya se encuentran alcanzados por otros regímenes arancelarios.


Esta diferenciación muestra que Washington no busca interrumpir completamente el comercio con Brasil. El objetivo es ejercer presión sobre sectores específicos sin afectar cadenas de suministro consideradas esenciales para la economía estadounidense.


Canadá: aranceles del 50% y una herramienta casi inédita


El caso canadiense es diferente. Trump anunció un arancel adicional del 50% sobre determinados productos provenientes de Canadá, que comenzaría a aplicarse el 19 de agosto de 2026 si ambos países no alcanzan previamente un entendimiento.


La medida fue adoptada bajo la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición prácticamente inédita dentro de la política comercial estadounidense. La Sección 338 permite imponer aranceles adicionales cuando otro país discrimina a productos estadounidenses o aplica restricciones que perjudican el comercio de Estados Unidos. Washington acusa a Canadá de mantener un tratamiento desfavorable hacia bienes estadounidenses en sectores como:

  • automóviles;

  • productos lácteos;

  • bebidas alcohólicas;

  • determinados productos industriales.

El arancel canadiense no forma parte del esquema global que reemplazará a la sobretasa temporal del 10%. Es una medida independiente, vinculada con el deterioro de la relación bilateral y con la renegociación del Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá, conocido como USMCA.


Una presión directa sobre la renegociación del USMCA

La aplicación del arancel busca incrementar la presión sobre Canadá para que acepte cambios dentro del acuerdo comercial norteamericano. Estados Unidos ya mantiene negociaciones activas con México, pero las conversaciones formales con Canadá todavía no habían comenzado cuando se anunció la medida.


La decisión es especialmente significativa porque el arancel podría imponerse incluso sobre bienes que actualmente ingresan libres de derechos gracias al USMCA. Aproximadamente el 85% de las importaciones estadounidenses desde Canadá se encontraba libre de aranceles durante 2025 debido a las preferencias del acuerdo regional.


Por lo tanto, la nueva tarifa no solo aumentaría el costo de los productos canadienses, sino que también podría debilitar una de las principales garantías comerciales del tratado. El alcance inicial sería relativamente acotado: aproximadamente USD 20.000 millones de exportaciones canadienses, sobre un total superior a USD 380.000 millones enviados anualmente a Estados Unidos.


Sin embargo, el precedente jurídico y político es considerable. Si la Sección 338 se consolida como herramienta, la administración podría utilizarla con mayor rapidez que la Sección 301, que requiere investigaciones y audiencias más extensas.


Los riesgos para la economía canadiense


Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones canadienses y posee una capacidad significativa para presionar a su socio comercial. Antes del último anuncio, el Banco de Canadá ya estimaba que las tensiones arancelarias reducirían aproximadamente 1,5 puntos porcentuales el crecimiento económico previsto para 2026, hasta ubicarlo en torno al 1,1%. Una nueva ronda de tarifas podría afectar especialmente a las provincias y sectores más integrados con el mercado estadounidense.


También podría generar aumentos de costos dentro de Estados Unidos, porque las cadenas industriales de ambos países se encuentran profundamente conectadas. El sector automotor es un ejemplo evidente: autopartes y componentes pueden cruzar varias veces la frontera antes de que un vehículo quede terminado. Por eso, un arancel no necesariamente afecta solamente al productor canadiense. También puede encarecer insumos utilizados por empresas estadounidenses.


Medicamentos genéricos: hasta un 200% para relocalizar producción

El tercer componente de la nueva estrategia es la industria farmacéutica. Trump anunció que los medicamentos genéricos importados continuarán ingresando con un arancel del 0% durante los próximos dos años.


El esquema previsto establece:

  • arancel del 0% hasta el 1 de agosto de 2028;

  • arancel del 100% durante el año siguiente;

  • arancel del 200% posteriormente.

La existencia de un período de gracia es fundamental para comprender la medida. El objetivo no es frenar inmediatamente las importaciones, sino dar tiempo a los laboratorios para construir plantas, trasladar líneas productivas o ampliar su capacidad dentro de Estados Unidos.


Trump presentó expresamente el arancel como una penalidad para las compañías que decidan no invertir en instalaciones productivas estadounidenses.


Los medicamentos genéricos representan aproximadamente el 90% de las recetas dispensadas en Estados Unidos. Sin embargo, gran parte de la producción de esos medicamentos y de los ingredientes farmacéuticos activos utilizados para fabricarlos se encuentra fuera del país.


India es uno de los mayores proveedores de medicamentos genéricos para el mercado estadounidense, mientras que India y China concentran una proporción importante de la producción mundial de principios activos. La administración Trump considera que esta dependencia representa una vulnerabilidad para la seguridad nacional.


Desde esa perspectiva, el arancel busca:

  • recuperar capacidad industrial;

  • reducir la dependencia de proveedores extranjeros;

  • garantizar el suministro de medicamentos esenciales;

  • incentivar inversiones farmacéuticas dentro de Estados Unidos.


La medida complementa el arancel del 100% anunciado en abril sobre determinados medicamentos patentados y sus ingredientes, instrumentado bajo la Sección 232 por motivos de seguridad nacional.


El riesgo de faltantes y aumentos de precios

La política sobre medicamentos genéricos también presenta dificultades. Este segmento funciona con márgenes de rentabilidad mucho más reducidos que el mercado de medicamentos patentados. Los laboratorios compiten principalmente por precio y enfrentan fuertes costos regulatorios.


Un arancel del 100% o del 200% podría volver inviables numerosas importaciones si las empresas no logran trasladar su producción dentro de los plazos establecidos.


El plazo de dos años intenta disminuir estos riesgos, pero no garantiza que la producción pueda ser trasladada en su totalidad.


El nuevo esquema global y la posible inclusión de la Argentina

Mientras se anuncian medidas específicas contra Brasil, Canadá y la industria farmacéutica, Estados Unidos también prepara una nueva ronda de aranceles de alcance prácticamente global. En marzo de 2026, la USTR inició investigaciones bajo la Sección 301 contra aproximadamente 60 economías.


El argumento fue que esos países no cuentan con prohibiciones suficientemente efectivas para impedir la importación de productos elaborados, total o parcialmente, mediante trabajo forzoso. A comienzos de julio, el organismo presentó sus conclusiones preliminares y propuso aranceles adicionales diferenciados.


El esquema contemplaría:

  • una tasa del 10% para más de una decena de socios comerciales, entre ellos Canadá, México y la Unión Europea;

  • una tasa del 12,5% para más de 40 economías, entre ellas China, India, Japón y Corea del Sur.


En conjunto, las investigaciones abarcarían aproximadamente el 99% del comercio estadounidense. Según la información difundida en la Argentina, nuestro país estaría incluido entre las economías que podrían quedar alcanzadas por un recargo de al menos el 10%.


La aplicación todavía no había sido confirmada formalmente al 22 de julio de 2026, pero la administración buscaría anunciar el nuevo esquema antes del vencimiento del arancel temporal, previsto para el viernes 24 de julio.


El planteo de Washington no significa necesariamente que Estados Unidos acuse a todas las empresas exportadoras de los países investigados de utilizar trabajo forzoso. La cuestión analizada es más amplia.


La USTR evalúa si cada economía cuenta con:

  • normas que prohíban la importación de bienes producidos mediante trabajo forzoso;

  • controles aduaneros efectivos;

  • mecanismos de trazabilidad;

  • capacidad para investigar cadenas de suministro;

  • sanciones aplicables a importadores;

  • procedimientos para retirar productos cuestionados del mercado.


Desde la perspectiva estadounidense, cuando un país no controla suficientemente estas importaciones, sus empresas podrían acceder a insumos más baratos provenientes de cadenas productivas cuestionadas.


Eso permitiría competir en condiciones consideradas desiguales frente a compañías estadounidenses sujetas a controles más estrictos. El arancel busca compensar esa supuesta ventaja regulatoria e incentivar a los países alcanzados a adoptar normas equivalentes a las estadounidenses.


¿El nuevo arancel reemplazará al recargo temporal?

Una de las principales incógnitas es cómo se combinarán las nuevas medidas con la sobretasa temporal del 10%.


La administración podría reemplazar el arancel general que vence el 24 de julio por tarifas de la Sección 301 aplicadas sobre casi todos los socios comerciales. También podría implementar un esquema mixto, en el que algunos países enfrenten un arancel general y otros queden sujetos a medidas adicionales por sector o producto.


Esto significa que distintas tarifas podrían superponerse. Por ejemplo:

  • Canadá podría quedar alcanzado por el nuevo arancel global y, además, por la tarifa específica del 50% sobre determinados bienes;

  • Brasil podría enfrentar el arancel del 25% para los productos definidos en su investigación y otra tasa para el resto de sus exportaciones;

  • los medicamentos genéricos podrían mantener temporalmente una alícuota del 0%, aunque el país de origen esté sujeto a otros gravámenes;

  • ciertos productos podrían quedar exceptuados por razones estratégicas o de abastecimiento.


Para las empresas, el resultado será un sistema más difícil de administrar. Ya no bastará con conocer el arancel general de cada posición. También habrá que analizar:

  • el país de origen;

  • la investigación aplicable;

  • la fecha de entrada en vigor;

  • las excepciones;

  • los compromisos de inversión;

  • las reglas de origen;

  • la trazabilidad de los insumos;

  • las eventuales preferencias de un acuerdo comercial.


¿Qué puede significar para la Argentina?


Para la Argentina, el nuevo escenario presenta una combinación de oportunidades, riesgos e interrogantes. El primer impacto surge de la medida contra Brasil.


Si determinados productos brasileños pierden competitividad en Estados Unidos por el arancel adicional del 25%, algunos importadores podrían buscar proveedores alternativos. Las empresas argentinas podrían encontrar oportunidades en sectores como:

  • manufacturas industriales;

  • productos químicos;

  • madera y muebles;

  • alimentos procesados;

  • determinados bienes agroindustriales;

  • maquinaria;

  • ciertos insumos industriales.


Sin embargo, la oportunidad no será automática. Para reemplazar a un proveedor brasileño será necesario contar con:

  • escala productiva;

  • precios competitivos;

  • continuidad de abastecimiento;

  • certificaciones;

  • capacidad logística;

  • cumplimiento de normas sanitarias y técnicas.


Además, en los productos brasileños que quedaron exceptuados del arancel —como carne, café o determinados componentes aeronáuticos— no existiría un incentivo significativo para sustituir proveedores.


Argentina podría conservar una ventaja relativa


Si finalmente la Argentina queda alcanzada por un arancel adicional del 10%, parte de la oportunidad generada por la sanción a Brasil se reduciría. Sin embargo, nuestro país podría mantener una ventaja relativa en aquellos productos en los que Brasil enfrente una tasa del 25% y la Argentina una del 10%.

Esa diferencia de 15 puntos porcentuales podría influir en las decisiones de algunos importadores estadounidenses.


El beneficio dependerá de la alícuota final, las excepciones y el arancel base de cada producto.

También será necesario analizar si las medidas se acumulan o si unas reemplazan a otras.


Canadá también puede afectar las cadenas argentinas


Aunque el comercio argentino con Canadá es mucho menor que el intercambio con Brasil, el conflicto entre Washington y Ottawa también puede generar efectos indirectos. Canadá exporta a Estados Unidos productos energéticos, minerales, vehículos, autopartes, madera, aluminio y alimentos. Si algunos de esos bienes enfrentan un arancel del 50%, podrían abrirse oportunidades para proveedores de terceros países.


La Argentina podría evaluar posibilidades en sectores como:

  • minerales críticos;

  • aluminio;

  • energía;

  • vinos;

  • determinados alimentos;

  • productos pesqueros;

  • servicios basados en el conocimiento.


Sin embargo, nuevamente, el acceso dependerá de las capacidades productivas y de las condiciones regulatorias. Además, Canadá podría redireccionar parte de sus exportaciones a otros mercados y competir con productos argentinos.


Oportunidades para la industria farmacéutica argentina

El anuncio sobre medicamentos genéricos también merece atención. La Argentina cuenta con una industria farmacéutica desarrollada, producción local, capacidad científica y experiencia en biotecnología. No obstante, reemplazar a los principales proveedores asiáticos dentro del mercado estadounidense sería difícil.


India posee una escala de producción de medicamentos genéricos muy superior y una fuerte presencia en Estados Unidos.


Además, para exportar medicamentos se requiere obtener aprobaciones de la FDA y cumplir estrictos estándares de fabricación.


Las oportunidades argentinas podrían concentrarse en:

  • medicamentos de nicho;

  • productos biotecnológicos;

  • ingredientes farmacéuticos específicos;

  • investigación clínica;

  • servicios científicos;

  • licenciamiento de desarrollos;

  • asociaciones con laboratorios estadounidenses.


El principal riesgo es que las empresas internacionales concentren sus nuevas inversiones directamente dentro de Estados Unidos, reduciendo el atractivo de instalar plantas orientadas a la exportación desde terceros países.


La trazabilidad será una condición comercial

La posible inclusión de la Argentina dentro de la investigación por trabajo forzoso introduce otro desafío. Las empresas deberán conocer con mayor precisión el origen de los insumos utilizados en sus procesos productivos. No bastará con demostrar que la elaboración final se realizó en la Argentina. Estados Unidos podría exigir información sobre toda la cadena de suministro:

  • origen de materias primas;

  • proveedores indirectos;

  • país de fabricación de los componentes;

  • condiciones laborales;

  • certificaciones;

  • documentación aduanera;

  • mecanismos de auditoría.


La trazabilidad dejará de ser solamente una exigencia reputacional o ambiental. Puede convertirse en una condición directa de acceso al mercado.


Para los exportadores argentinos, esto implicará revisar proveedores y recopilar documentación que permita demostrar que los productos no incorporan bienes elaborados mediante trabajo forzoso.


La cercanía política no garantiza una excepción


La posible inclusión argentina también demuestra que una buena relación política con Washington no asegura automáticamente un tratamiento preferencial. Estados Unidos aplica cada vez más sus medidas mediante investigaciones técnicas, criterios sectoriales y exigencias regulatorias. La afinidad entre gobiernos puede facilitar negociaciones o contribuir a obtener excepciones, pero no reemplaza el cumplimiento de los requisitos comerciales.


La Argentina deberá combinar el vínculo político con una estrategia técnica que incluya:

  • negociación diplomática;

  • presentación de información ante la USTR;

  • revisión de la legislación laboral;

  • fortalecimiento de los controles aduaneros;

  • trazabilidad de las importaciones;

  • cooperación con autoridades estadounidenses;

  • identificación de productos sensibles.


¿Puede evitarse el arancel para la Argentina?

La aplicación del arancel todavía no es definitiva. La USTR debe analizar más de 1.500 comentarios presentados por empresas y organizaciones que solicitaron modificaciones o exclusiones.


El organismo también deberá emitir su informe final y comunicar a la Aduana estadounidense cómo se aplicará el nuevo régimen. Durante ese proceso, los países pueden presentar información adicional, asumir compromisos o negociar excepciones.


Para la Argentina, sería importante demostrar:

  • la existencia de normas contra el trabajo forzoso;

  • el cumplimiento de convenios internacionales;

  • la capacidad para controlar cadenas de suministro;

  • los mecanismos de cooperación aduanera;

  • los procedimientos de fiscalización laboral;

  • las políticas de trazabilidad.


También podrían negociarse exclusiones para productos estratégicos, insumos no producidos en Estados Unidos o bienes vinculados con cadenas prioritarias para ambos países.

Los aranceles como instrumento de política industrial

La característica más importante de esta nueva etapa es que los aranceles ya no se utilizan solamente para restringir importaciones.

También buscan determinar dónde se produce, qué regulaciones deben aplicar los socios y qué compromisos deben asumir las empresas.

El mensaje de Washington es cada vez más claro:

  • para vender medicamentos, puede ser necesario producir dentro de Estados Unidos;

  • para conservar preferencias comerciales, los socios deberán aceptar nuevas condiciones;

  • para evitar aranceles, los países deberán adaptar sus regulaciones;

  • para acceder al mercado, las empresas deberán demostrar trazabilidad;

  • para mantener una ventaja, los exportadores deberán cumplir estándares estadounidenses.

Esta estrategia combina proteccionismo, política industrial, seguridad nacional y geopolítica.


El comercio internacional como herramienta geopolitica


El arancel del 25% sobre determinados productos brasileños, la tarifa del 50% anunciada contra bienes canadienses, el futuro recargo de hasta el 200% sobre los medicamentos genéricos y la posible aplicación de nuevas tasas sobre la Argentina no son episodios aislados.


Representan el comienzo de una nueva fase de la política comercial de Estados Unidos. Después de las limitaciones judiciales impuestas a los aranceles generales, la administración Trump comenzó a construir una arquitectura más focalizada, basada en distintas herramientas legales y medidas específicas para cada país o sector.


En Brasil, los aranceles buscan modificar políticas digitales, regulatorias, ambientales y comerciales.

En Canadá, funcionan como instrumento de presión para renegociar el USMCA y cuestionar prácticas consideradas discriminatorias. En la industria farmacéutica, pretenden relocalizar producción y reducir la dependencia de proveedores extranjeros.


En la Argentina y otras economías, podrían utilizarse para promover normas más estrictas contra el trabajo forzoso y reforzar la trazabilidad de las cadenas de suministro. Para nuestro país, el escenario presenta oportunidades, pero también riesgos.


Algunos exportadores podrían ganar espacio frente a productos brasileños o canadienses que enfrenten aranceles más altos. Al mismo tiempo, la Argentina podría quedar alcanzada por un recargo propio, enfrentar mayor competencia regional y sufrir los efectos indirectos de una desaceleración brasileña.


La principal conclusión es que la política comercial estadounidense será más sectorial, más condicionada y menos previsible. En esta nueva etapa, las oportunidades ya no dependerán solamente de qué se produce o a qué precio. También dependerán de dónde se fabrica, qué insumos se utilizan, qué normas aplica cada país, qué compromisos asumen las empresas y qué lugar ocupa cada economía dentro de la estrategia industrial y geopolítica de Estados Unidos.

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