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La peor opción dentro de los planes de estabilización

Ayer comenzó a circular en algunos medios de comunicación que el gobierno evalúa implementar un plan de estabilización en noviembre. Lamentablemente, si es verdad lo que desean hacer difícilmente solucionen el problema de fondo.

Viernes 14 de octubre de 2022, Mg. Yanina S. Lojo


Ayer por la mañana empezaron a comentar en varios medios de comunicación que en noviembre el ministerio de economía estaría pensando en implementar un plan de estabilización. Muchos al escuchar la noticia nos brillaron los ojos, pero lamentablemente poco nos duró la emoción. Hoy se conocerá el número de la inflación del mes de septiembre, y sea 6,5%, 6,7% o 7%, poca diferencia hará. Ya no se trata de la foto del pasado, sino de las expectativas de futuro.


¿De qué se trataría el nuevo plan de estabilización?


Según fuentes del ministerio de economía lo que les dijeron a los periodistas es que la idea principal sería llevar adelante un acuerdo de precios y salarios, por cuatro meses, para de esa manera bajar la inflación al 30%. Sí, estamos hablando de la misma receta que se aplicó numerosas veces y que jamás funcionó. Siempre nos terminó explotando en la cara. Yo me pregunto: ¿realmente el ministro de economía cree que Moyano dejará de lado su pedido de aumento del 130% para las paritarias? ¿Realmente creen que podrán controlar los precios de la economía?

Vamos a pensar en un ejemplo no tan lejano en el tiempo: en 1976 se produjo el Rodrigazo. Antes de la drástica decisión que tuvo que tomar Celestino Rodrigo, Gelbard implementó un plan económico basado en un pacto social: congelaba precios, salarios, tarifas de servicios públicos, y fijaba el tipo de cambio. El gobierno buscaba controlar el precio de la mayoría de los bienes y servicios que ofrecía el sector privado. Además, aumentó significativamente el gasto público y el déficit fiscal. Esto implicó una terrible expansión monetaria para poder financiar al Estado. Si bien la inflación se contrajo los primeros meses, luego pegó un salto y ya no fue posible controlarla. No hubo más opción que llevar adelante una mega devaluación.


¿Se podría lograr un plan de este tipo?


Suponiendo que el Estado lograra convencer a los sindicatos que durante los próximos cuatro meses desistan de pedir aumentos para sus afiliados; los costos de las empresas tienen diferentes componentes, no solo el salarial. Muchas compañías necesitan insumos importados para poder producir. ¿El gobierno va a darle los dólares para poder pagar las importaciones? Porque las reservas tan caras que logró acumular el BCRA se están diluyendo en cuatro jornadas, cuando muy poco se puede ingresar al país. Y si se les va a seguir pidiendo que posterguen los pagos, eso tiene un costo financiero que se ajusta en función de las expectativas de devaluación. Entonces, ¿qué podrían hacer las empresas que ingresen a un acuerdo de precios? Aumentar hoy, previendo lo que deberían aumentar en los próximos cuatro meses. O sea, que antes de lograr congelar un solo precio podrías tener un terrible aumento, y volvemos de nuevo a la pregunta ¿los sindicatos estarán dispuestos a dejar que se diluya el poder de compra de sus afiliados? Es como la pregunta de qué fue primero el huevo o la gallina. A diferencia de Gelbard, Massa no puede aumentar el gasto público y ni el déficit, y menos que menos, la emisión monetaria. Al contrario, necesita que avance urgente el nuevo esquema tarifario. Hasta ahora el gasto público poco ha disminuido, sino que da la sensación de que lo que se está buscando es financiarlo a través de la recaudación. Si los servicios suben, la demanda de bienes se contrae como consecuencia de la pérdida de capacidad económica. Entonces, podríamos afirmar que lo que buscaría el gobierno por cuatro meses sería contraer la demanda y no ampliar la oferta como dijo el viceministro de economía.

La historia económica argentina está llena de ejemplos como el que dimos, donde el congelamiento de precios y salarios no ha servido. Por el contrario, suele anteceder a una terrible crisis inflacionaria y un shock devaluatorio. Lo único que sea hace es contener la inflación por unos meses, para que después que se libera, se dispara. En general, la brecha con los dólares alternativos sigue subiendo durante este periodo, debido a que se suele hacer en combinación con un fuerte control cambiario. Al finalizar el periodo acordado, los precios se ajustan y la brecha hace tanta presión que no queda otra que aplicar una fuerte devaluación para tratar de controlar las variables macroeconómicas.


¿Qué le espera a la economía en los próximos meses?


La sequía que golpea a nuestro país es muy importante, por lo que se espera que las próximas cosechas no sean para nada buenas. Si a eso le sumamos, que se adelantaron liquidaciones por el famoso dólar soja, el panorama no es bueno. En general, en el último trimestre del año los ingresos de dólares suelen bajar, y en este contexto, podrían ser más bajos de lo normal. Con el pequeño nivel de reservas, poco podrá el gobierno hacer para garantizar el ingreso de mercadería para la producción. Si la oferta escasea, los precios suben. La simple insinuación de querer acordar precios, ya le da la pauta al mercado de que lo que se viene no es bueno. El gobierno quiere acordar porque sabe que las perspectivas son muy complicadas, y como no quiere tomar las medidas correctivas correctas busca alternativas que tienen un impacto negativo en las expectativas. El ministerio de economía en los últimos tres meses tomó la decisión de asociarse con la inflación para de esa manera poder cumplir con la meta de reservas en el marco del acuerdo del FMI. ¿Hay que cumplir el acuerdo? Si, porque necesitamos los desembolsos. Ahora pareciera anoticiarse que no puede seguir con esta política porque asomó el fantasma de la hiper, o por lo menos, el de una inflación alta y una recesión. Y eso en un año electoral implica derrota. Se encuentra con un nivel de deuda en pesos altísima que postergó para 2023, justo antes de las elecciones. Si no hubiera atado esa deuda a la inflación, podría dejar que ésta se encargue de licuarla, pero ya no es posible. En otras palabras, Economía sola se puso un corsé del que ahora le resulta muy difícil de salir.

Si este mes la inflación es del 6,5% o 7% poco va a cambiar. El problema ya no es lo que pasó, sino lo que el mercado espera que pase. Y éste tiene poca confianza en el gobierno, siente que no hay conducción y sin estos dos aspectos, la economía queda a la deriva. Hace dos meses atrás se nombraba un ministro de economía que no era economista. La razón detrás de esta decisión era que se precisaba de una persona con espalda política y apoyo dentro de la coalición gobernante, para llevar adelante los cambios que se necesitaban. Tras una serie de anuncios rimbombantes, poco ha logrado. Ni siquiera el nuevo esquema tarifario se ha podido poner en marcha. Eso genera más ruido, porque nadie sabe cuánto tiempo más la misma coalición continuará acompañando la gestión o pedirá cambios más orientados a la política - de cara a las elecciones -, y menos a la economía. Esto sería desastroso. Porque el daño sería cada vez más profundo y más complicado será salir. Evitamos el abismo por un pelito, pero si nos descuidamos, podemos pisar en falso y caernos hasta el fondo.

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