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Courier Marítimo: La nueva propuesta que debe cumplir con las mismas reglas

Empieza a aparecer una nueva alternativa logística que promete bajar costos y ampliar opciones para envíos pequeños: el courier marítimo. Algunas empresas ya lo están ofreciendo y el interés crece. Pero hay algo que conviene entender desde el inicio: aunque cambie el medio de transporte, no cambian las reglas.

Lunes 27 de abril de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


El courier marítimo no es todavía un fenómeno masivo. No está instalado ni consolidado. Pero empieza a asomar. Aparecen ofertas, se empiezan a testear operaciones, y el tema entra en conversación. Y en comercio exterior, eso ya es relevante. Porque muchas veces los cambios no arrancan con volumen, sino con señales. Esta es una de esas.


Lo que está pasando es bastante lógico: el costo del flete aéreo dejó de ser eficiente para ciertos envíos. Especialmente los de menor valor o volumen, donde la logística termina pesando más que la mercadería. Ahí es donde el sistema empieza a buscar alternativas.


La promesa: bajar costos


El atractivo del courier marítimo es claro. Menor costo, mayor previsibilidad en algunos tramos y una opción viable para cargas que no necesitan urgencia.

No viene a reemplazar al courier aéreo. Viene a ocupar un espacio: operaciones demasiado chicas para una importación tradicional, pero demasiado caras para volar. En ese sentido, tiene lógica. Y probablemente tenga recorrido.


El problema: ¿cómo se interpreta?


Donde empiezan las confusiones es en el encuadre. Porque cuando aparece algo nuevo en logística, suele aparecer también una lectura apurada: que hay más flexibilidad, que los controles son menores, que el esquema es distinto. Y no.


El courier marítimo no crea un régimen nuevo. No modifica las condiciones existentes que deben cumplirse. No habilita excepciones. Debe operar bajo las mismas reglas que el courier de siempre. Se registra la operación bajo el régimen simplificado y esto exige que se cumpla con las condiciones establecidas para encuadrarse en el mismo.


Mismo sistema, distinta vía


Acá está el punto central. Podés subir tu carga a un barco en lugar de a un avión. Podés ganar en costo y perder en tiempo. Podés adaptar la logística. Pero no podés cambiar el marco normativo.


Siguen vigentes los mismos límites, las mismas condiciones sobre el tipo de mercadería, la misma lógica de control y las mismas obligaciones fiscales y aduaneras. Esto no es menor. Porque es justamente ahí donde se define si una operación funciona o se traba.


El riesgo de pensar que hay un atajo


Cuando el mercado empieza a moverse más rápido que la regulación aparecen los problemas. Y en comercio exterior, esos problemas no son teóricos. Son cargas frenadas, observaciones, reclasificaciones, costos inesperados. El riesgo no está en usar courier marítimo. El riesgo está en usarlo mal. En pensar que por cambiar el medio cambia el régimen.


Una oportunidad, si se entiende bien


Dicho esto, el courier marítimo tiene potencial. Y no es menor. Puede convertirse en una puerta de entrada para PyMEs que hoy miran el comercio exterior como algo lejano, no por falta de producto, sino por estructura de costos.


También puede cambiar la lógica de cómo se planifican ciertas operaciones. Permite pensar en envíos más frecuentes, en menor escala, si se trata de una operatoria con fines comerciales con otra gestión del stock y del capital de trabajo. Donde antes había que concentrar volumen para justificar un flete, ahora empieza a aparecer la posibilidad de fragmentar.


Esto brindaría flexibilidad para testear mercados sin asumir costos excesivos. Para ajustar oferta y demanda con mayor precisión. Para acompañar el ritmo real del negocio, en lugar de forzarlo a una estructura logística rígida. Pero lo que tiene que quedar claro es una cosa: si es courier las normas son claras. La destinación simplificada debe cumplir con ciertas condiciones, sino, es otra cosa disfrada de "coruier" por lo que a la hora de consultar al operador es importante revisar qué se va a hacer.

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