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¿Qué va a pasar con las retenciones?

Desde el anuncio del ministro de económica en diciembre de que se modificaría el esquema actual de las retenciones, los sectores exportadores están expectantes viendo cuál será el impacto. ¿Qué sabemos hasta ahora sobre este tema?

Martes 23 de enero de 2024, Mg. Yanina S. Lojo

 

En su discurso en diciembre el ministro de economía adelantó que el esquema actual de retenciones sería modificado. Indicando que salvo excepciones se elevaría al 15% el valor de estas.

 

El tiempo fue transcurriendo y las novedades sobre este tema no eran muchas. Pero los productores de las economías regionales sumaban preocupaciones. Al daño que habían sufrido en el último año por las inclemencias del tiempo se sumaba esta noticia. Para traer algo de tranquilidad el secretario de Agricultura adelantó que la alícuota del 0% no se modificaría para determinadas economías regionales. Finalmente, el tema entró en discusión en el Congreso con la presentación de la ley Ómnibus. Y en las últimas horas hubo novedades.

 

Se confirma alícuota cero para las economías regionales

 

Efectivamente, un listado de productos de economías regionales mantendrá los esquemas que le permiten exportar con alícuota cero de derechos de exportación. Sin embargo, los productos industriales tendrían que pagar un 15% y ciertos derivados de la soja se irían al 33%.

 

En el caso de los productos industriales, que hoy pagan entre un 0 y un 4% el impacto es más que significativo si se lo analiza como un todo pensando en el proceso productivo y en el fuerte impacto que ha habido en los costos.

 

El Programa Incremento Exportador, ¿alcanza?

 

En un principio muchos exportadores se vieron tentados por la propuesta que permitía liquidar hasta un 20% el mercado financiero. Luego de la devaluación aún con la brecha en los mínimos que se habían visto en meses, muchos aprovecharon para liquidar las operaciones antes de que se produjera un ajuste en la alícuota de las retenciones.

 

Sin embargo, ya muchos exportadores – aún con el salto en la brecha de los últimos días -, han decidido o liquidar todo a través del MULC o no adelantar cobros. ¿Por qué? Porque el salto en los costos es más que significativo tanto en los insumos locales como en los importados.

 

Los costos que no dejan de subir

 

Más allá de que la devaluación inicial pudo haber representado una mejora, la situación actual es muy diferente. Los insumos locales continúan mostrando ajustes en sus precios y la mayor problemática viene del lado de los insumos importados.

 

Los costos internos como consecuencia de la liberación de precios – necesaria, pero con un impacto real -, y el salto de la inflación han pegado un salto. Haciendo que producir en la Argentina no sea una tarea sencilla. Aún si no se requieren insumos o bienes de capital importados.

 

Las dificultades para pagar la deuda por importaciones asumida durante el 2023 hoy complican la situación de las empresas. A eso se le suma a la compleja situación de las reservas que dejó la anterior administración. Hoy no existe un escenario con pago anticipado para las operaciones nuevas. En este contexto, eso dificulta que muchas empresas puedan acceder a los insumos o que deban irse al mercado financiero – pagando un costo más alto por cada operación -, para poder cumplir con las condiciones que le establecen los proveedores.

 

También la situación de la deuda complica aún más las negociaciones, haciendo que muchas firmas tengan que aceptar perder el acceso al MULC porque necesitan cancelar urgente la deuda y aunque el gobierno presentó el BOPREAL – y ha intentado facilitarlo lo más posible en las últimas semanas -, está no deja de ser una alternativa que no da una solución completa en lo inmediato.

 

La suba de retenciones una práctica habitual

 

Tantos años con la economía muy cerrada y con el tipo de cambio totalmente controlado, han hecho que la industria nacional vea su competitividad completamente corroída. Ahora, la mejora que podrían sufrir como consecuencia de una mejora en el tipo de cambio se va a licuar, no tanto por los costos internos – que poco a poco se acomodarán -, sino también por la suba de retenciones.

 

La modificación del esquema de retenciones no es nueva y ya ha sido utilizado en otras oportunidades para tratar de sacar adelante al país en situaciones complejas. En 1875 fue presentado el proyecto que se convirtió en la Ley de Aduanas, que contemplaba la aplicación de derechos de exportación. Luego de un tiempo en que se dejaron sin efecto fueron restablecidas en 1933, también en el periodo 1955-1958. Pero tenemos casos más recientes como, por ejemplo, en el periodo post 2001.

 

Por ejemplo, en su libro Remes Lenicov[1] cuenta como tomaron la decisión de instaurar los derechos de exportación pensando un esquema donde se graba en mayor medida a las exportaciones de cereales y derivados, y en menor medida a las manofacturas de origen industrial.

 

En ese caso, el objetivo era múltiple: se buscaba aumentar los ingresos fiscales y financiar los planes sociales, mejorar las condiciones de industrialización del país, limitar las transferencias de ingresos y a reducir el impacto de la devaluación sobre los precios de los alimentos. ¿Por qué funcionó? Porque, según explica el ex ministro de economía, en ese momento el tipo de cambio real efectivo multilateral era el doble que el vigente en la convertibilidad. Y si bien, se fue reduciendo, siempre se mantuvo alto.   

 

Obviamente, en el libro Remes Lenicov plantea dos preguntas que podríamos analizar, porque produzcan respuestas diferentes según a quien se las haga: ¿por qué aplicar retenciones? Según explica, es un mecanismo que se puede emplear cuando ante una circunstancia repentina aumentan fuertemente los precios de los productos primarios o se produce una devaluación importante que beneficia desmedidamente a quienes exportan; o bien; cuando dentro de la economía hay sectores transables que poseen productividades diferentes y se buscará aumentar la productividad de aquel que puede generar más empleo.

 

¿Y ahora?

 

Ahora tuvimos un salto en el tipo de cambio, pero la competitividad de las empresas no está atravesando su mejor momento y la suba de retenciones difícilmente ayude. Por otro lado, al subir los derechos de exportación de los sectores industriales se atenta contra la industrialización y la inversión.

 

Es comprensible que el Estado en un intento de sanar las cuentas fiscales busque incrementar la recaudación, pero siempre el pato de la boda es el comercio exterior: ya sea con la suba de derechos como el establecimiento de impuestos – ejemplo más claro, el impuesto país -, cuando en un país como el nuestro necesitamos reducir la carga impositiva para mejorar la competitividad, poder generar más valor y de esa manera, minimizar las ineficiencias que se producen y que terminan pagando los consumidores.

 

Puede que la situación sea transitoria, pero el problema es que en Argentina todo lo que se inicia como “provisional” se queda. Hay varios casos como esos ya. Y el miedo del empresario está. La difícil tarea que tiene hoy el gobierno es transmitir confianza. Solo la confianza hará que la inversión no se detenga y que la producción continue buscando maneras de mejorar sus procesos.

 

Por otro lado, necesitará la suficiente espalda para lograr que la Ley Ómnibus sea aprobada en el Congreso. Y justamente el punto de las retenciones es el que genera más ruido y donde ya muchos han expresado que no acompañaran. El hecho de modificar el esquema para las economías regionales tiene que ver con esta cuestión. Veremos cómo va avanzando el tema. Por ahora, nada en firme. Todo por verse, y mientras tanto la incertidumbre sigue rodeando a los productores, industriales y exportadores.


[1]  Remes Lenivoc Jorge, 115 días para desarmar la bomba, Editorial Ariel, 2023, Argentina

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