La nueva decisión de Estados Unidos que vuelve a tensionar el vínculo comercial con Europa
- mgyaninaslojo
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La decisión de Estados Unidos de aplicar un arancel adicional del 10% a productos europeos vuelve a tensionar una relación histórica. La excusa es comercial; el trasfondo, claramente geopolítico. En el centro de la escena aparece Groenlandia y, del otro lado del Atlántico, una Unión Europea que evalúa cómo responder sin escalar un conflicto mayor.
Lunes 19 de enero de 2026 - Mg.Yanina S. Lojo

Cuando Estados Unidos anuncia un nuevo arancel del 10% a importaciones provenientes de Europa, el impacto no debe leerse únicamente en términos de precios o flujos comerciales. La medida funciona, sobre todo, como una señal política. Un mensaje dirigido a sus socios tradicionales, en un contexto global donde el comercio dejó de ser un terreno neutral.
El motivo que subyace a la decisión es Groenlandia. No se trata de un desacuerdo puntual, sino de una disputa por influencia estratégica en un territorio que ganó un peso inesperado —pero decisivo— en el tablero internacional.
En concreto, los Estados Unidos aplicará un arancel del 10% desde el 1° de febrero de 2026 sobre las importaciones procedentes de ocho países europeos —Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia— porque se oponen a la intención estadounidense de adquirir Groenlandia.
El impuesto sobre todos los bienes exportados a EE. UU. está programado para aumentar al 25% el 1° de junio si no se alcanza un acuerdo de compra completo de la isla. La medida permanecerá vigente hasta que se concrete dicho acuerdo, generando tensiones comerciales y diplomáticas con esos aliados tradicionales.
Groenlandia: el valor estratégico de lo que antes parecía marginal
Groenlandia ya no es solo una gran isla cubierta de hielo. Su ubicación en el Ártico, el potencial acceso a recursos críticos —incluidas tierras raras— y la apertura de nuevas rutas marítimas explican por qué hoy concentra la atención de las grandes potencias.
Para Washington, asegurar presencia e influencia en la región forma parte de su estrategia de seguridad y de competencia global, especialmente frente al avance de China y Rusia. En ese marco, el uso de herramientas comerciales para condicionar posiciones políticas no resulta una anomalía, sino una práctica cada vez más frecuente.
Europa ante una decisión incómoda
La Unión Europea enfrenta ahora un dilema complejo. En Bruselas se analizan posibles represalias: desde aranceles espejo hasta restricciones selectivas sobre productos estadounidenses o la activación de mecanismos formales de disputa.
Responder es casi una obligación para evitar sentar precedentes. Pero hacerlo sin medir consecuencias puede derivar en una escalada que afecte inversiones, cadenas de suministro y una recuperación económica que aún muestra fragilidades. El equilibrio entre firmeza y pragmatismo vuelve a ponerse a prueba.
Por ahora, trascendió que la Unión Europea está considerando reactivar medidas arancelarias por hasta US$ 93 000 millones. Estas tarifas estarían dirigidas a productos estadounidenses si no se logra una solución negociada, representando una contramedida significativa que podría escalar las tensiones entre EE. UU. y la UE. La posibilidad de reactivar esa lista de gravámenes muestra que también los europeos están dispuestos a usar herramientas comerciales contundentes para defender sus intereses y presionar por cambios en la política comercial estadounidense.
Comercio como herramienta de poder
Más allá de su impacto económico inmediato, el arancel tiene un peso simbólico significativo. Refuerza una tendencia clara: el comercio internacional se utiliza cada vez más como instrumento de presión geopolítica. Los aranceles ya no buscan solo proteger industrias, sino influir en decisiones estratégicas de otros países.
Una señal para un mundo que se reordena
El episodio deja una conclusión difícil de ignorar: en el escenario actual, economía y geopolítica son inseparables. Las decisiones comerciales responden cada vez menos a criterios técnicos y cada vez más a disputas por poder, territorio y control de recursos estratégicos.
Para Europa, el desafío será sostener una posición común sin romper un vínculo clave. Y también por eso, la decisión de firmar el Acuerdo MERCOSUR - UE, este último fin de semana fue clave. Fue un mensaje a un mundo fragmentado.
Para Estados Unidos, el riesgo es tensionar alianzas en un momento donde la coordinación entre socios resulta central. Además de aliados claves en lo militar. Groenlandia, una vez más, demuestra que incluso los territorios más remotos pueden convertirse en piezas centrales del nuevo orden global.




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