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Cuba flexibiliza su economía, pero no se abre: una estrategia para sostenerse en un contexto de escasez de divisas

La isla habilitó inversiones de su diáspora en el sector privado, en un intento por captar dólares sin modificar el núcleo de su modelo económico. El alcance es limitado y no implica una apertura general al capital extranjero ni una inserción plena en el comercio global.

Martes 17 de marzo de 2026 - Mg. Yanina S. Lojo


El anuncio del gobierno cubano de permitir que ciudadanos residentes en el exterior inviertan en la isla volvió a instalar una idea que suele aparecer cada vez que el país introduce algún cambio: Cuba se está abriendo. Sin embargo, esa lectura, aunque tentadora, es incompleta. Lo que está ocurriendo no es una apertura en sentido pleno, sino una flexibilización puntual, diseñada para responder a una restricción concreta: la falta de divisas.


Un contexto económico cada vez más restrictivo


Cuba enfrenta una combinación de factores que vienen tensionando su funcionamiento económico desde hace varios años. La caída en el ingreso de divisas, el deterioro de su infraestructura energética —con apagones recurrentes—, y la pérdida de poder adquisitivo configuran un escenario de creciente fragilidad.


Detrás de esta situación hay causas estructurales. La economía cubana arrastra desde hace décadas problemas de baja productividad, alta dependencia de importaciones y una limitada capacidad de generación de exportaciones con valor agregado. A esto se sumó, en los últimos años, la caída del apoyo externo —especialmente desde Venezuela—, y el fuerte impacto de la pandemia sobre el turismo, uno de sus principales generadores de dólares.


En este contexto, la recuperación ha sido parcial y desigual, mientras que las restricciones para acceder a financiamiento externo reducen aún más el margen de maniobra.


Un frente externo que agrega presión


A la fragilidad interna se le suma un escenario internacional adverso. El embargo de Estados Unidos continúa siendo un condicionante central para el acceso a inversiones, financiamiento y comercio.


En este marco, las recientes declaraciones del presidente Donald Trump, en las que afirmó que Estados Unidos podría “tomar control” de Cuba, volvieron a tensionar el clima político y económico en torno a la isla. Más allá del tono de la declaración, este tipo de señales refuerza la percepción de riesgo y la incertidumbre para cualquier intento de apertura o atracción de capital. Así, cualquier flexibilización que impulse el gobierno cubano se da dentro de un entorno externo que no solo sigue siendo restrictivo, sino también volátil.


Un cambio relevante, pero acotado


Durante décadas, el esquema económico cubano se apoyó en un fuerte control estatal y en un marco restrictivo para la actividad privada. Incluso en los momentos en que se permitió la inversión extranjera, está operó bajo condiciones muy específicas y con participación predominante del Estado.


La novedad: ahora introduce un matiz distinto. ¿Por qué? Porque se habilita a la diáspora cubana a canalizar capital hacia actividades privadas dentro del país. El cambio es significativo, pero no debe sobredimensionarse.

No toda flexibilización es una apertura. Y no toda apertura implica un cambio de modelo.

La lógica detrás de la decisión


Para entender el alcance de la medida, es necesario mirar el contexto macroeconómico. Cuba enfrenta una situación compleja: escasez de dólares, dificultades energéticas, menor ingreso por turismo y limitaciones estructurales para acceder a financiamiento externo. En ese escenario, la flexibilización no responde a una redefinición ideológica, sino a una necesidad operativa.

Cuando la restricción de divisas se vuelve crítica, la economía deja de discutir modelos y empieza a buscar soluciones.

¿Qué cambia y qué no?

El anuncio no configura una apertura general al capital extranjero. No hay un esquema amplio para inversores globales, ni una desregulación profunda del sistema productivo, ni señales de transformación estructural en la forma en que funciona la economía cubana.


Se trata, en cambio, de una habilitación específica, dirigida principalmente a ciudadanos cubanos en el exterior, bajo un marco que seguirá siendo regulado y condicionado.


Cuba no está compitiendo por atraer inversiones masivas. Está administrando una apertura limitada para sostener su equilibrio interno.

La clave desde el comercio exterior


Desde la perspectiva del comercio internacional, el caso cubano permite una lectura más profunda. La inserción en la economía global no depende únicamente de permitir inversiones o habilitar negocios. Depende de generar condiciones de estabilidad, previsibilidad y escala que permitan sostener en el tiempo el flujo de comercio y capital. En ese sentido, la medida tiene un alcance acotado.


Puede facilitar el ingreso de recursos en determinados sectores, pero no modifica los factores estructurales que condicionan la integración de Cuba al comercio global: el marco regulatorio, la seguridad jurídica y las restricciones externas, entre ellas el embargo estadounidense.

En comercio exterior, la apertura no se mide por anuncios, sino por la capacidad de sostener reglas que permitan operar en el tiempo.

Un equilibrio difícil de sostener


El movimiento del gobierno cubano refleja una tensión conocida: la necesidad de captar recursos sin perder control sobre el funcionamiento interno de la economía. Ese equilibrio es, por definición, inestable.

Cuanto más limitada es la apertura, menor es su capacidad de atraer inversiones relevantes. Pero cuanto más profunda es, mayor es el desafío de administrar sus impactos sobre el sistema económico y político. Cuba, por ahora, parece optar por un punto intermedio.


Una señal que va más allá de Cuba


Más allá del caso cubano, lo que deja este episodio es una señal sobre cómo reaccionan las economías con esquemas altamente regulados cuando enfrentan restricciones externas.


En esos contextos, los cambios no suelen darse a través de aperturas amplias, sino mediante ajustes puntuales, diseñados para resolver problemas concretos sin alterar el funcionamiento general del sistema. Eso es lo que muestra Cuba hoy: no un proceso de apertura, sino una flexibilización específica, orientada a captar divisas dentro de un modelo que se mantiene.


Conclusión


El anuncio no redefine el modelo económico cubano.Pero sí confirma que incluso los sistemas más cerrados introducen cambios cuando las restricciones económicas se vuelven evidentes. Cuba no se está abriendo al mundo. Está incorporando un mecanismo puntual para sostener su economía sin modificar sus bases. Sin embargo, el alcance de estas medidas es limitado.

Se trata de una solución parcial frente a un problema estructural: alivia tensiones en el corto plazo, pero no resuelve los desequilibrios de fondo.

 
 
 

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