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Cuando la política mete la cola

Una complicación en el orden institucional enreda la economía. Las dificultades que trae la inestabilidad política ponen en jaque a las medidas económicas.

Viernes 26 de agosto de 2022 Mg. Yanina S. Lojo


En las tres primeras semanas de agosto se estima que la inflación rondaría el 5,7%. Si bien el BCRA ha estado comprando dólares, el saldo en el mes de agosto sigue siendo negativo. La temperatura subió y eso ayuda a bajar la demanda de energía, las empresas están requiriendo mayores dólares para importar insumos, y si no los consiguen en el mercado oficial están recurriendo al CCL. Esto tendrá un impacto directo en precios. Las reservas penden de un hilo. Estamos llegando al punto en que se llevará adelante la revisión por parte del FMI con relación a las metas y lejos estamos de cumplirlas.

En este contexto, los conflictos que genera la política - de cualquier partido -, muestran un nivel de fragilidad que complica las posibilidades de poder trabajar en mejoras para la sociedad desde la economía. Si el ministerio de economía tiene la tarea difícil por delante de transmitir confianza, seriedad y compromiso, la inestabilidad política deja en evidencia que todo está asentado en un castillo de naipes que puede derrumbarse en cualquier momento.


El ministro de economía necesita convencer a potenciales inversores durante su viaje por el mundo de que la Argentina es un país serio a donde traer los dólares, de esa manera reforzaría las arcas del BCRA. ¿Es eso posible cuando el país está sumido en una crisis institucional y política? ¿Cuando surgen acusaciones de corrupción de ambos lados? ¿Cuando desde Estados Unidos un grupo de senadores pide que apliquen sanciones a la vicepresidente? ¿Cuando se pide - con o sin motivos puesto que no es el fin de este artículo -, el juicio político de la máxima autoridad del poder ejecutivo? Estados Unidos se dio el lujo de plantear una cosa así durante la administración Trump, por ejemplo, pero es una de las potencias del mundo. Todos vimos las escenas del Capitolio y pensamos lo grave que era para una democracia llegar a esa situación, pero nuevamente se trataba de la principal economía del mundo. No necesitaba ni necesita que la rescaten.


Los inversores analizan el riesgo de colocar su capital en un país, y dentro de los factores que evalúan, están la calidad institucional y la seguridad jurídica. Ambas condiciones están siempre al límite en nuestro país. Esto hace que tengamos que volvernos más atractivos, tengamos que ofrecer más. En otras palabras, para que el riesgo aceptado sea mayor, el rendimiento deberá ser mayor.


El WSJ (Wall Street Journal) publicó una nota que titula “Argentina’s Long Road to Ruin”. En el mismo el autor, además de relatar su experiencia durante su viaje a nuestro país durante los primeros días de julio, da su visión sobre cómo un siglo de corrupción nos impidió seguir siendo uno de los países más ricos del mundo. Cita la famosa frase que solía usarse a principios del siglo XX: “ser rico como un argentino” Además, menciona la posición de la Argentina en el índice del Banco Mundial con relación a la facilidad de hacer negocios: estamos en el puesto número 126. Mientras que en el índice de transparencia y corrupción nos ubicamos en el puesto 96. La nota se vuelve anecdótica si vemos los portales de noticias del mundo donde se menciona la delicada situación política y social en que nos encontramos.

Pongamos el ejemplo de la eurozona. La inestabilidad política que ha estado golpeando a los países miembros no está ayudando a la situación económica y menos a sostener el valor del euro. Entonces podemos afirmar que lo bueno o lo malo que Massa está haciendo por la economía del país, pierde efecto. El ministro ve cómo se esfuma su esfuerzo de atraer inversiones y se alejan sus sueños de recuperar reservas.

La economía y la política van de la mano, porque es esta última la que muchas veces no deja que la economía lleve adelante las decisiones que pueden corregir el rumbo. ¿Por qué? Por dirigentes políticos que no quieren asumir el famoso “costo político” o porque tienen intereses personales que se contraponen con las decisiones económicas a ejecutar. Mientras que la agenda política siga marcando el rumbo, lo único que vamos a tener es un país que se empobrece, una clase media que ve esfumarse su esfuerzo y alejar sus sueños, cada vez más niños con dificultades para alimentarse, para educarse y con una población que no puede acceder a un servicio de salud digno. ¿Cómo les pedimos a los trabajadores que sigan esforzándose, entregando más de su trabajo al Estado si lo único que ven es a sus dirigentes peleándose?

En un país con su economía al borde del abismo, este debería ser el tema principal. Deberíamos estar buscando soluciones, y la política debería estar arremangada tratando de ayudar. No complicando el panorama. En este momento lo que más necesitamos es la unión del país, todos tirando juntos para el mismo lado, más federales que nunca. Más comprometidos con encontrar una solución que le permita a todos los argentinos estar mejor: al empleado, al sector productivo, al jubilado, al estudiante. A todos. Un país mejor.

Un ex presidente de la nación dijo hace más de medio siglo “el 2000 nos encontrará unidos o derrotados” … lamentablemente unidos no estamos.


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