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¿Qué podemos esperar? Ajuste y recesión

El miércoles el nuevo ministro de economía anunciaría las tan esperadas medidas económicas. ¿Qué podemos esperar? Solamente nos queda elaborar teorías o hipótesis sobre lo que se puede venir.

Lunes 1º de agosto de 2022 Mg. Yanina S. Lojo


El nuevo "superministro" tiene por delante la difícil tarea de transmitir confianza a los mercados. Eso solo se puede lograr mediante un plan económico serio, pero sobre todo ejecutable.


¿Qué podríamos esperar?

Una de las primeras tareas que probablemente tenga por delante sea la de intentar recomponer las reservas casi vacías del Banco Central. Se habla de que los niveles de reserva neta se ubicarían en valores cercanos a los USD 2.800 millones. Por lo cual, podría intentar ofrecer medidas más atractivas para la liquidación del sector agropecuario. Podría ser la posibilidad de liquidar los dólares al tipo de cambio financiero (MEP). Esto sería una ganancia por dos para el Estado: más dólares y más recaudación. O también se podría ofrecer una baja en la alícuota de las retenciones - algo que siempre que se analiza se ve muy difícil de lograr.

Más efectivo sería aún si esta oferta, que probablemente se plantee por tiempo limitado, se le hace llegar a otros sectores exportadores.


Y después, ¿Qué?

Es posible que se busque alinear la política monetaria y cambiaria. En primer lugar, ajustando la suba de tasas de interés a la inflación. Se debería dejar de emitir y volver más atractivas las colocaciones en pesos para atraer a los inversores que hoy buscan dolarizar sus carteras no sólo por la inestabilidad sino por la baja rentabilidad que se obtiene. En segundo lugar, una devaluación del tipo de cambio oficial que de ejecutarse se debería hacer para septiembre, si se lograron engrosar las reservas. De manera coordinada y gradual para que no haya un shock de precios, pero mucho mayor que la devaluación que venía realizando hasta ahora el BCRA. ¿Por qué hablamos de septiembre? Porque hacerlo hoy implicaría un altísimo costo para el Estado debido a la fuerte apuesta que hizo en el mercado de dólar futuro. Adicionalmente, hacerlo hoy sin el plan económico aceitado y sin el suficiente apoyo solo aceleraría una caída al abismo.


¿Y qué pasa con el gasto público?

En ánimo de ser lo más gráfica posible, lo mejor que se podría hacer hoy es cerrar la caja y tirar la llave. Se terminó la plata, no hay más caja para nadie. De marzo hasta ahora el incremento en el gasto público fue de un 19% en términos reales. Habrá entonces que avanzar con el recorte y la eliminación de TODOS los subsidios. Otra medida posible es congelar los sueldos de los empleados públicos hasta fin de año, para que de esa manera la inflación licúe el gasto. Esto generaría un enorme descontento social, principalmente en la clase media y en los sectores sociales que perciben asignaciones del Estado.

Ya más una expresión de deseo, pero que sería una medida inteligente tanto desde lo económico como desde lo político, sería el recorte de los sueldos de los funcionarios como muestra de verdadero compromiso. Como dije, es una expresión de deseo, lejos está de ser una realidad porque no pareciera haber intenciones de mostrar austeridad. Pero sería una manera efectiva de mostrarle a la gente que viene la época de vacas flacas y que TODOS debemos ajustarnos el cinturón.


¿Qué pasa con la deuda?

Es muy probable que la deuda en pesos se reestructure para darle oxígeno al peso, o se tenga que seguir subiendo las tasas para hacerla atractiva. La deuda en pesos hoy es de $4.6 billones. Es cierto que gran parte de la misma está en manos de organismos vinculados al gobierno, por ejemplo, ANSES, o en el sector bancario lo que suele facilitar su renovación. Pero cada vez se vuelve más difícil convencerlos. En septiembre, es necesario colocar cerca de un billón de pesos. Y si el mercado local dejase sin financiamiento al Estado, podríamos chocar con el iceberg y no habría más retorno. En relación al acuerdo con el FMI, es de esperar que en breve el nuevo ministro viaje a Estados Unidos para tratar de renegociar las metas dado que en septiembre el organismo multilateral deberá realizar un nuevo desembolso. Si perdiéramos el apoyo, entonces enfrentaríamos un default. Hay que tener en cuenta que la deuda en dólares es de USD 210.000 millones


¿Qué significa todo esto?

Que si el gobierno decide ir por este camino habrá recuperado el sendero de la ortodoxia y estará asumiendo el costo social altísimo de las malas o nulas decisiones económicas que se tomaron hasta ahora. La suba de tasas encarecerá el crédito tanto para los consumidores como para el sector productivo. La devaluación traerá consigo un reajuste de precios, una aceleración de la inflación, y una contracción del consumo, con la posterior contracción de la oferta. El riesgo: que si todo esto no se instrumenta de manera ordenada y coordinada podríamos terminar teniendo inflación y recesión.


¿Cómo reaccionará el mercado?

Hasta el miércoles probablemente haya calma y hasta optimismo, en especial por parte de aquellos que apuestan fuerte a este cambio en el gabinete. Y luego habrá que ver, escuchar y esperar no sólo a las medidas sino también a su efectividad en la ejecución.

Habrá que ver la reacción del sector político y social ante los anuncios. Porque el plan económico puede ser el adecuado, pero si termina desencadenando una nueva crisis política o inestabilidad social, las buenas intenciones se irán por el caño.

¿Cuánto tiempo tiene el gobierno? Poco o mucho. Depende cómo se lo vea y de qué lado del mostrador estamos parados. Seguramente agosto será clave, pero en septiembre se definirá el partido.


¿Qué no debería hacerse?

No debería seguir el camino que hasta ahora estamos llevando, el de la emisión, el de las restricciones cambiarias a las importaciones - sería más beneficioso para la economía ofrecerles a los importadores operar con un tipo de cambio MEP que no dejarlos importar. Seguir implementando mecanismos de control de precios, que han demostrado ser un fracaso. Mantener los subsidios o incluso incrementarlos. Y mantener el cepo cambiario - es necesario ir a un tipo de cambio libre único. Después la discusión es si éste debe ser flotante y cómo flotará.

Muchos hablan de ganadores y perdedores, pero me parece un análisis mezquino cuando se define el futuro de 47 millones de argentinos, muchos de los cuales ya hoy no llegan a fin de mes. Y algunos que quizás gracias a la torpeza, inexperiencia o negligencia de aquellos que toman las decisiones o no las toman, verán como su vida cambia radicalmente de un día para otro sin poder hacer nada para evitarlo.

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