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Hablando de inflación ¿Alta o hiper?

Esperando el número del INDEC sobre el IPC de marzo, y el REM del Banco Central muchas consultoras privadas ya han adelantado cuáles son sus previsiones sobre la inflación del mes que se fue. La diferencia entre alta inflación e hiperinflación. ¿Dónde estamos parados?

Miércoles 5 de abril de 2023, Mg. Yanina S. Lojo


El Relevamiento de Expectativas de Mercado que se realizó en febrero, estimaba una inflación mensual entorno al 6,3%, haciendo mostrado una corrección al alza con respecto a lo previsto en enero. Sin embargo, después del número oficial del IPC del mes pasado, las proyecciones para marzo son mucho mayores. Habrá que esperar que la autoridad monetaria dé a conocer los números relevados. Mientras tanto muchos analistas empezaron a dar a conocer sus estimaciones y los números preocupan. Muchos empiezan a hablar de un escenario hiperinflacionario mientras que otros sostienen que por ahora nos mantenemos en un sendero de alta inflación. ¿Cuál es la diferencia? ¿Hay solución?



¿Qué espera el sector privado?


Las mediciones varían y mucho, desde los más positivos que plantean un IPC entorno al 6,5% mientras que otros menos auspicios hablan de un 7,5 o incluso un 7,7%. Con estos números muchos se preguntan ¿Estamos en la hiperinflación? O ¿Es sólo un proceso de alta inflación?


¿Qué diferencia hay entre la hiperinflación y la alta inflación?


Algunos economistas consideran que uno está ante un escenario de hiperinflación, cuando los precios tienen variaciones que superan el 50% mensual. Algunos consideran que independientemente del valor final mensual, si el ajuste de los precios es diario ya el escenario se ha presentado.


Una inflación es moderada cuando los precios se ajustan considerando una tasa anual de inflación. Mientras que la alta inflación podría definirse cuando el valor mensual supera el 5%. Algunos autores son más generales y establecen que el valor debe ser relevante para la economía.


En sí mismo, cuando nos encontramos con un escenario hiperinflacionario, la economía no puede planificarse más allá de un horizonte temporal mensual. Esto fomenta la dolarización de las carteras, puesto que los consumidores ante la incertidumbre buscan protegerse y recurren a aquellos activos que le brinden mayor cobertura. Inclusive, en algunos casos, las transacciones cotidianas empiezan a realizarse en moneda extranjera ante la falta de confianza.


¿Qué puede pasar con las tasas?


En este contexto es claro que el Banco Central no tiene mucho margen para continuar con una tasa del 78%. Por el contrario, no tendrá mucha más opción que acelerar la devaluación – algo que si uno presta atención ha empezado a ejecutar en estos días – y con respecto a las tasas, deberán subirlas para tratar de equiparar el rendimiento de los activos a la inflación, y evitar una dolarización de las carteras. ¿Por qué? Porque en este momento lo que faltan son dólares, algo que las medidas que tomará el ministro de Economía en estos días consolidarán, y hay que tratar de evitar que la brecha se amplie.


Remarquemos que con la TNA del 78% que dejó la última decisión del Banco Central, la tasa efectiva anual se ubica en el 113,2%, y que la última licitación de deuda en pesos de marzo, el Tesoro convalido tasas efectivas mensuales entorno al 123% en el corto plazo.


La decisión de continuar subiendo las tasas tiene su correlato sobre la deuda que emite el BCRA, que supera los $12 mil millones, y que si se mantienen las tasas altas nos tendremos que enfrentar con vencimientos mensuales superiores a los $ 1.000 millones mensuales que deben si o si renovarse todos los meses, salvo que quiera ingresarse en una escalada hiperinflacionaria. Tengamos en cuenta que los intereses de la deuda de la autoridad monetaria en los últimos doce meses representaron un 4,8% del PBI.


Si el aumento en las tasas es pequeño, se vuelve irrelevante para controlar el problema de la inflación. No podemos comparar la situación nuestra con la de Estados Unidos o Europa, con tasas anuales del 7%. Las pequeñas correcciones en nuestro contexto, con la enorme cantidad de emisión monetaria, sumada a la falta de reservas, es una gota de agua en el desierto.


El dólar oficial


Miremos lo siguiente ayer el dólar mayorista cerró en $210,78. Esto muestra una variación mensual del 0,8%, y recordemos que el mismo tiene hasta ahora dos jornadas. Y una variación anual del 19%. El martes pasado el dólar mayorista cotizaba $207,84. Por lo cual, en menos de siete días la moneda se depreció un 1,41% pero, en solo dos días se encuentra más de la mitad de la pérdida del valor de la moneda local.


Pareciera que el Banco Central ha tomado nota de la difícil situación, no sólo de las reservas, sino de la inflación y de la economía en su conjunto. Y en línea con los pedidos del Fondo Monetario Internacional necesita hacer correcciones que acerquen a la divisa oficial al incremento de los precios mensuales.


¿Qué caminos quedan hoy para el gobierno?


Claramente, nuestra economía hace tiempo entró en un sendero de alta inflación, y para el ciudadano de a pie entre la híper y la situación actual, poca diferencia hay si piensa en que cada vez trabaja más y le alcanza para menos. Y según los datos de la Universidad Católica Argentina (UCA) en el caso de los trabajadores formales bajo convenio colectivo de trabajo, de los que se encuentran en los segmentos más bajos de ingresos, la mitad viven en la pobreza.


Además, falta previsibilidad para proyectar la inflación anual, tengamos en cuenta que todos los meses las consultoras cambian sus previsiones y muchas no se animaba a dar valores más allá del mes de octubre. Por otro lado, cada vez se suscriben a menor plazo todos los contratos: sean financieros, salariales o de cualquier tipo. Nadie se anima a planificar por mucho tiempo.


Nuestro país ha caído en una encrucijada. Ha tomado una serie de decisiones que no han surtido efecto, por el contrario, pareciera haber empeorado la situación. Hoy no quedan muchas opciones. La economía tradicional recomendaría, ante este contexto, pocas soluciones. Por un lado, se podría buscar generar ingresos de capitales frescos, algo que en el medio de la turbulencia económica y política de nuestro país es imposible. A esto se le suma el alto endeudamiento en dólares y en pesos de nuestro país, y las dificultades que enfrenta el país para poder garantizar el pago de los compromisos. Por otro lado, seguir fomentando la sangría de reservas que en un momento llevará a una crisis aguda.


Finalmente, un aumento del tipo de cambio, es decir la devaluación. Los desdoblamientos, que son devaluaciones por sectores, sumados al crawling peg no son suficiente. Y tarde o temprano, la presión sobre las reservas empujará a la dirección económica a tomar este camino. Que, si se hubiera tomado a tiempo, hubiera sido menos dañino para toda la población económica de nuestro país y para la matriz productiva.


También se podría continuar por el mismo camino, el sendero de la alta inflación, coqueteando con la híper. La realidad es que caminamos por la cornisa, y un paso en falso nos puede dejar muy mal parados.

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